¿Quién se ha llevado mis abejas? Artículos anacrónicos (aún vigentes) de 130 años de Código Civil

Aunque parezca imposible, hoy siguen siendo citadas en demandas y recitadas en juicios. Desde tesoros ocultos, hasta abejas en fundo ajeno, pasando por palomas, peces y aves con voluntad de cambiar de dueño. 

“Si algo funciona es mejor no tocarlo”. El legislador español se ha tomado durante más de cien años esta premisa a pies juntillas en lo que se refiere a la actualización de algunas normas. Es por ello que el Código Civil cumple esta semana 130 años en vigor conservando muchos de sus artículos guardados en formol, tanto en su redacción como en sus curiosas situaciones, algunas intactas tal cual fueron previstas a finales del siglo XIX. 

Estos son algunos de los artículos más curiosos (aún vigentes) del Código Civil español. 

El artículo 612 del Código Civil quiso regular esta, al parecer, común situación de abejas que escapan y dueños que las persiguen, estableciendo incluso un régimen de daños para aquel que tuviera que sufrir en su finca la presencia intrusa de los insectos voladores: 

Las abejas en fundo ajeno

La propiedad privada es infranqueable y sus límites no pueden ser traspasados por tercero. A no ser, claro está, que se te cuelen las abejas en el terreno del vecino.

“El propietario de un enjambre de abejas tendrá derecho a perseguirlo sobre el fundo ajeno, indemnizando al poseedor de éste el daño causado”

“Si estuviere cercado, necesitará el consentimiento del dueño para penetrar en él”.

No obstante, el derecho a perseguir a tus abejas no te otorga la potestad de levantar vallas o empalizadas que las abejas hubieran podido franquear. Como todos sus derechos, tiene sus límites. Hay que pedir al permiso al dueño de la finca si esta está vallada, para que nos deje pasar:

Aunque parezca imposible, este artículo fue citado en 2013 por el juzgado de lo contencioso de Lleida (sentencia disponible aquí) en un pleito sobre daños causados por un jabalí salvaje en los coches aparcados en la calzada. 

El juez argumentó que existen animales con dueños y animales salvajes, criados en la naturaleza, y para dar un ejemplo, echó mano de las abejas en fundo ajeno para explicar que el Código Civil regula específicamente el daño causado por los animales con dueño sobre los bienes de otros. No obstante, el daño causado por un jabalí salvaje en los coches aparcados en la calle no es una situación de la que nazca, con el Código en la mano, ninguna indemnización del ayuntamiento. 

Una reciente sentencia consideró de forma novedosa que los animales no debían ser tratados como meros bienes muebles, sino como “seres dotados de sensibilidad” (resolución del Juzgado de Primera Instancia número 9 de Valladolid, 27 de mayo de 2019, disponible aquí). 

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Dicha interpretación fue novedosa, pero lo cierto es que el Código Civil ya tuvo en cuenta en 1888 las preferencias y voluntades de algunos animales para algo tan esencial como cambiar de dueño.

La voluntad animal

El artículo 613 regula el derecho a que los palomas, conejos y peces (y ninguno más) emigren allá donde les lleve la tierra, el mar o el aire, cambiando de dueño según se encuentren en un lugar u otro. Eso sí, siempre que no sean atraídos por artificios humanos. 

 “Las palomas, conejos y peces, que de su respectivo criadero pasaren a otro perteneciente a distinto dueño, serán propiedad de éste, siempre que no hayan sido atraídos por medio de algún artificio o fraude”.

Texto: J. M. Barjola. Fuente: Noticias jurídicas. Fotos: Guardia Civil y EcoDiario.es