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Las contracturas (espasmos musculares doloroso con una sensación de dolor intensa) son una lesión bastante frecuente en apicultura que puede aparecer durante la realización de esfuerzos físicos importantes, como los que se producen al levantar colmenas o alzas cargadas. Veremos los tipos más frecuentes y las formas de prevenirlas y tratarlas. Las fracturas, por el contrario, no son, afortunadamente, tan frecuentes en la actividad (aunque por desgracia muy habituales en nuestra sociedad, sobre todo por los accidentes de tráfico), pero los apicultores se encuentran en muchas ocasiones lejos de puntos sanitarios, y es conveniente para ellos conocer algunos conceptos de primeros auxilios simples pero útiles y que pueden ayudar mucho a los lesionados. La finalidad de este artículo es exponer algunas nociones básicas y las medidas de atención inmediata mas adecuadas para dar una primera atención a estos dos tipos de lesiones. Contracturas musculares Una contractura es un espasmo muscular doloroso (el músculo se contrae con una sensación de dolor intensa) que puede afectar a un solo músculo o a un grupo muscular. Es una lesión bastante frecuente, que puede aparecer durante la realización de esfuerzos físicos importantes, como los que se producen al levantar colmenas o alzas cargadas. Pero también pueden producirse al realizar ejercicios sencillos, o incluso en reposo, sin que exista un motivo aparente. En estos casos son menos graves. Las personas mayores son susceptibles de sufrir este tipo de dolencias, debido a que existe una pérdida general de elasticidad en todas sus articulaciones y grupos musculares, que forma parte del proceso de envejecimiento. Existen tres tipos de contracturas musculares: aquellas que aparecen cuando se está realizando un ejercicio; las que se presentan con posterioridad al esfuerzo; y las de origen carencial. - Contracturas musculares durante el ejercicio: Se deben a la acumulación de productos metabólicos (sobre todo ácido láctico) en el interior del tejido muscular. Cuando un músculo empieza a trabajar requiere energía, que se aporta por los nutrientes obtenidos de la alimentación; estas sustancias aportan la energía para la contracción de las fibras musculares. La sangre lleva a los músculos el oxigeno, y los nutrientes, y elimina las sustancias tóxicas resultantes. Las contracturas durante el ejercicio físico pueden aparecer entonces por dos posible motivos: porque los vasos sanguíneos no están desarrollados o dilatados lo suficiente como para poder nutrir adecuadamente al músculo que está contrayéndose, o bien por que no tienen capacidad para retirar los desechos tóxicos que se producen. Son estos productos tóxicos los que provocan dolor y contracturas en el músculo afectado. - Contracturas después del ejercicio. En general están causadas por pequeñas roturas de las fibras musculares que han sido distendidas o sometidas a un trabajo excesivo. - Contracturas de origen carencial. Los calambres de repetición, sobre todo cuando se producen en reposo (por ejemplo mientras se esta durmiendo) o los que aparecen al realizar pequeños ejercicios, suelen estar relacionadas con carencias de vitaminas y sales minerales, como consecuencia de dietas alimenticias inadecuadas o por deshidrataciones. Consecuencia y efectos de la lesión Las contracturas pueden estar acompañadas de roturas de las fibras musculares, e incluso, en los casos más graves, pueden verse afectadas las articulaciones más próximas. Lo más habitual es que el tejido muscular lesionado se repare espontáneamente en pocos días, desapareciendo el dolor y la dificultad para mover el músculo. Cuando se ha sufrido una contractura intensa el período de curación puede durar dos o tres semanas, En ocasiones, sobre todo en contracturas muy graves, se pueden producir adherencias entre tejidos, que en condiciones normales se deslizan con facilidad uno sobre el otro, y el dolor y la rigidez muscular se prolongan durante más tiempo. Las adherencias tienden a desarrollarse cuando se producen contracturas o traumatismos que requieren una inmovilización prolongada. En este caso se deberá recurrir a la fisioterapia para devolver la elasticidad y la fuerza a los músculos. Estiramientos y elongaciones Las contracturas más frecuentes se producen en la pantorrilla, en el pie y en la mano. La forma más sencilla de relajar la musculatura de esta zona es la que se describe a continuación: - La pantorrilla o el pie. Acostados boca arriba y con la ayuda de un compañero que mantiene la rodilla extendida, así como los dedos de los pies, hacer presión tratando de estirar los músculos de la pierna y descontracturar. Si estamos sólos y se acalambra la pierna, tratar de buscar un escalón, colocar el pie arriba con el talón libre y presionar con fuerza. - La mano. Hay que enderezar muy bien los dedos de la mano. La mejor forma de hacerlo es abriéndolos y oprimiendo con la yema de los dedos en una superficie plana.
Estiramientos de la pierna para descontracturarla (con ayuda de otra persona izquierda superior, o si estamos sólos, inferior); hiperextensión de la mano para relajar la musculatura después de una contractura (derecha superior); el masaje, una vez que se han relajado los músculos facilita la recuperación de la movilidad y ayuda a aliviar el dolor, en la foto (derecha inferior), masaje en masa muscular gemelar Prevención Para prevenir las contracturas es aconsejable practicar ejercicios desde la juventud y mantenerlos, de forma más moderada, durante la madurez. También es recomendable realizar un calentamiento previo a cualquier actividad física, y un enfriamiento posterior a ella. Cuanto más intenso y duro sea el ejercicio, tanto mas necesario es realizar el calentamiento previo. Tratamiento Cualquier contractura muscular, por pequeña que parezca, debe ser relajada con masajes o estirando la zona muscular afectada (elongación). De esa forma se consigue remediar las molestias y disminuir la lesión. En el caso de contractura intensa podemos aliviar el dolor con la administración de analgésicos y relajantes musculares (por ejemplo Paracetamol, Adalgur®, o Relaxybis®, productos que deberemos llevar en nuestro botiquín). Con la urgencia necesaria deberemos acudir al médico para que valore la situación. Una vez pasada la fase aguda, el reposo, ya sea absoluto o evitando los movimientos de los músculos afectados, puede ser suficiente para solucionar una contractura muscular. Si están afectadas las articulaciones, conviene ejercitarlas con movimientos lentos. La fisioterapia, que consiste en la aplicación de calor, masajes y la realización de determinados ejercicios, facilita la recuperación de este tipo de lesiones, aunque en determinados casos se debe recurrir a un centro de recuperación especializado para someterse a sesiones de hidroterapia, masajes especiales y otras técnicas que ayuden a rehabilitar el funcionamiento de los tejidos. Cuando la persona padece dolor y rigidez acentuada y permanente, se le puede inyectar en la zona lesionada algún anestésico local o hidrocortisona, ya que así la acción alivia el espasmo de los tejidos adyacentes y disminuye la intensidad de la inflamación y el dolor. Sólo en casos extraordinarios puede ser necesaria la cirugía para devolver el movimiento a los músculos o las articulaciones donde se hayan formado adherencias. Masajes Uno de los elementos más útiles en los casos de contracturas, una vez que se han relajado los músculos, es, como hemos visto, aplicar un masaje en la zona lesionada, ya que de esta forma se facilita la recuperación de la movilidad y ayuda a aliviar el dolor. El masaje actúa de dos formas: en primer lugar evita que se formen adherencias en el foco inflamatorio y puede eliminar ademas las de formación reciente; en segundo lugar, la fricción que proporciona el masaje aumenta el flujo sanguíneo, lo que favorece y acelera la reparación de los tejidos. La aplicación del masaje debe realizarse de forma gradual, con la yema de los pulgares, y con suficiente intensidad para friccionar los tejidos musculares. Se recomienda el uso de aceite o sustancias lubricantes para facilitar el deslizamiento enérgico de los dedos sobre la piel sin provocar irritaciones Tratamiento de las contracturas de origen carencial Como vimos en el apartado anterior suelen estar relacionadas con determinadas carencias de vitaminas o minerales, por lo que su tratamiento consiste en mejorar la dieta alimenticia, siguiendo las siguientes recomendaciones: - Vitaminas y minerales. Deben consumirse alimentos ricos en calcio, magnesio, potasio, hierro y vitaminas B, C y D. Se encuentran en verduras de hoja verde, soja, frutos secos, yogur, cereales y semillas de calabaza, sésamo y girasol. El plátano y el chocolate son muy buenos para los calambres ya que poseen mucho potasio y magnesio. Dada su composición en sales y vitaminas, la miel y el polen, sobre todo éste, son magníficos productos para corregir estos estados carenciales. - Disminuir la grasa en la alimentación. Un aumento en el colesterol provoca trastornos en la circulación sanguínea, lo que dificulta su curso normal y los miembros (brazos y piernas) se acalambran. - Restituir la pérdida de sal. Si se suda mucho, las contracturas pueden estar causadas por la pérdida de sales en los tejidos. En este caso se recomienda beber abundantes líquidos isotónicos (de 1,5 a 2 litros diarios de agua con Bebesales, o preparados tipo Isostar o similares) Fracturas óseas La fractura o rotura ósea es una lesión siempre grave, que requiere tratamiento médico de urgencia y, salvo las llamadas fracturas patológicas, están causadas por traumatismos. Es un tipo de lesión muy poco frecuente en apicultura, aunque, por desgracia, muy habitual en nuestra sociedad, sobre todo por los accidentes de tráfico. Para los apicultores, que en muchas ocasiones se encuentran lejos de puntos sanitarios, es conveniente apuntar algunos conceptos de primeros auxilios simples pero útiles y que pueden ayudar mucho a los lesionados. Existen múltiples clasificaciones de las fracturas. Pero a los efectos que aquí nos pueden interesar conviene distinguir dos tipos: las fracturas cerradas (no se produce rotura de la piel) y las fracturas abiertas; en este último caso, el hueso roto se desplaza lesionando los tejidos y la piel, causando una herida que suele sangrar de forma abundante. El hueso puede aparecer a través de la herida de la piel. Síntomas Los síntomas de las fracturas son siempre muy llamativos y consisten en: Impotencia funcional. Es decir, dificultad para mover la zona afectada. Dolor espontáneo, que se incrementa al intentar mover la zona. Chasquido o crepitación, debido a la propia rotura del hueso. Hinchazón-tumefacción, por la lesión inflamatoria. Amoratamiento, por la hemorragia. Este síntoma es un poco más tardío. Tratamiento de las fracturas El tratamiento es siempre médico-quirúrgico. Por ello los primeros auxilios en estos casos, mientras se le traslada a un centro sanitario o llega la ayuda solicitada, están dirigidos a tranquilizar al lesionado, pre-venir un posible schock, inmovilizar la zona lesionada, y calmar el dolor. Fractura abierta En las fracturas abiertas el procedimiento de actuación debería ser el siguiente: Cortar la hemorragia, en el caso de que exista. Cubrir la herida con un apósito. Inmovilizar la fractura. Calmar el dolor. Podemos administrar una analgésico de nuestro botiquín (por ejemplo Nolotil®) Mantener al accidentado con una temperatura adecuada. En caso necesario le cubriremos con una manta térmica o con cualquier otra prenda que tengamos a mano. Esperar la ayuda solicitada. Salvo situaciones de máxima urgencia es preferible que el traslado al centro sanitario se efectúe por personal sanitario, a fin de disminuir las posibles complicaciones. Sólo en caso de extrema urgencia o cuando esté muy bien inmovilizada la lesión haremos el traslado con nuestros medios. Fractura cerrada En las fracturas cerradas el procedimiento de actuación debería ser el siguiente: Limpiar y cubrir las posibles heridas con un apósito. Inmovilizar la fractura. Calmar el dolor actuando como en el caso anterior. Mantener al accidentado a una temperatura adecuada. Si la lesión está bien inmovilizada podremos proceder al traslado a un centro sanitario con los medios que tengamos disponibles. En caso contrario es preferible esperar a recibir la ayuda solicitada. Inmovilización de las fracturas de extremidades Las fracturas se inmovilizan con una férula que abarque una articulación por arriba y otra por debajo de la lesión. La inmovilización se improvisa con: Férulas de madera. Bastones, flejes, ramas de árboles, tablillas, revistas, etc. sujetas con vendas, tiras de sábanas, cintas, ligas, pañuelos, cinturones, cuerda, etc. En fracturas de miembro inferior puede servir de férula el miembro sano extendido y atado o vendado juntamente con el lesionado. En las de brazo puede servir el tronco fijándolo al mismo con vendas, bufandas, etc. La forma correcta de inmovilizar una fractura es la siguiente: - Cuando afecta al antebrazo, debemos inmovilizar desde la raíz de los dedos a la axila, manteniendo el codo en un ángulo de 90º y con la muñeca en extensión. - Cuando la lesión afecta a la muñeca, hay que inmovilizar desde la raíz de los dedos hasta el codo, manteniendo la muñeca en extensión. - Cuando están lesionados los dedos de la mano, hay que inmovilizar desde la punta hasta la muñeca, colocando los dedos en semiflexión. - En las fracturas de fémur y pelvis, la inmovilización debe abarcar desde la raíz de los dedos hasta el tronco. Las rodillas se colocan en extensión y el tobillo en un ángulo de 90º. - Si la fractura afecta a la tibia y peroné, la inmovilización va desde la raíz de los dedos a la ingle. Rodilla en extensión y tobillo a 90º. - En las fracturas de tobillo y pie se inmoviliza desde la raíz de los dedos hasta la rodilla. El tobillo en ángulo de 90º.
Fracturas del tronco (columna vertebral y cuello) Son una de las fracturas más peligrosas por el riesgo de lesionar la medula espinal o los nervios por una movilización inadecuada. Por ello siempre es aconsejable no mover a estos lesionados y solicitar ayuda médica urgente. Mientras se recibe debemos vigilar al accidentado, mantenerle a una temperatura adecuada, controlar la respiración y el pulso, y sobre todo cerciorarnos de que no tiene ningún objeto en la boca que le pueda causar la asfixia. Si esta inconsciente es imprescindible comprobar que la lengua no ha caído hacia la faringe, dado que es una causa habitual de asfixia. | |||||||||||||||||||||||
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