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ESPECIAL LOQUE AMERICANA Por M. del Hoyo*, E. Bedascarrasbure°, A. Palacio', M. Basualdo* y E. Figini* * Facultad de Ciencias Veterinarias (UNCPBA), ° INTA, ' Facultad de Ciencias Agrarias (UNMDP). / Miembros del PROAPI
DIEZ AÑOS CON LOQUE AMERICANA EN ARGENTINA La loque americana o familiarmente la loque como la conocen los apicultores, comenzó a producir perdidas y problemas en Argentina en 1989, A partir de ese momento la apicultura de este país, ya no fue igual. Durante los primeros años, se suscitaron una innumerable cantidad de problemas, básicamente relacionados con el hecho de esconder el problema para no ser acusados de malos apicultores o portadores de una peste contagiosa, que complicaba el comercio, básicamente de abejas. Durante este período, denominado por muchos técnicos como la etapa muda, se sucedieron barreras sanitarias, peleas de apicultores, poca información y mucho miedo a contraer la infección. Debido a que nadie denunciaba la enfermedad no se tienen cifras exactas de la cantidad de colmenas muertas o enfermas durante ese tiempo pero algunos técnicos han reconocido que durante esta etapa la incidencia superaba el 15% lo cual involucraba mas de 200.000 colmenas afectadas. Primeras acciones La situación no varió mucho hasta 1993, donde comenzó la etapa de reconocimiento. Algunos apicultores, desesperados por el avance de la enfermedad comenzaron a solicitar al INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) y a las Universidades mayor información, se comenzaron a dictar charlas en todos los puntos del país y fue el motivo de conversación de cuanta reunión apícola se realizó en este período. También durante esta etapa comenzaron a elaborarse estrategias de manejo que aun hoy se utilizan con éxito en Argentina, y así se incorporaron al vocabulario de los apicultores nuevas palabras antes desconocidas: cepillado, paquete sanitario, quemado, incinerado, desinfección, parafinador, autoclave, cera esterilizada, etc. cosas tan comunes hoy en día que parece mentira que 7 u 8 años atrás no existieran. En 1994 se realizó un Taller Internacional que reunió a especialistas internacionales y nacionales, para elaborar una estrategia combinada en todo el país. De este modo y ayudados por una coyuntura de precios altos en los años subsiguientes se comenzó a desarrollar el programa de Control de Loque Americana. Pocos apicultores quedaron en el país que no conocían este flagelo y ante el mínimo caso se tomaban medidas por parte de ellos. Se quemaron miles de colmenas, se cepillaron cientos de miles, se paquetearon y se puede decir también que de algún modo todo el material que vuelve del campo por cualquier motivo (muertas de hambre, huérfanas o enfermas por cualquier causa), se desinfecta conscientemente antes de volver a utilizarlo. Comenzamos a vivir una etapa de maduración que lleva implícito los vaivenes lógicos de las enfermedades contagiosas. Así la enfermedad pasa por momentos de un control casi total a focos peligrosos en distintas regiones, siempre relacionados con un singular número de problemas. La concienciación del productor sobre la seriedad del problema llevó a una transformación de la industria apícola, la cual a su vez, generó tecnología tendente a reducir el número de esporas y consecuentemente la incidencia de la enfermedad. Hoy, existen varias plantas de cera estampada que eliminan los esporas de la cera, y empresas que fabrican parafinadores. Las Cooperativas y Asociaciones de Apicultores, por su parte, utilizan extractores comunitarios adaptados para su desinfección entre una extracción y la siguiente. Los camiones que recogen borra o cuadros viejos tienen cubiertas protectoras que no permiten el pillaje. Con muchísimo esfuerzo y a un costo enorme de mano de obra y material, se ha logrado mermar la difusión de la loque. Ganamos experiencia Hoy podemos decir que Argentina es de los países que más saben de esta enfermedad, tiene un equipo de jóvenes profesionales con amplia experiencia de campo y los apicultores manejan relativamente bien los tiempos epidemiológicos para el control. Poca es la información que Argentina ofrece al mundo, particularmente porque los problemas cotidianos dejan poco tiempo para escribir, mas de dos millones de colmenas, ofrecen un abanico de circunstancias que parecen no acabar. Pero sin lugar a dudas los técnicos argentinos están en condiciones de mantener controlada esta enfermedad, solo necesitan apoyo gubernamental y trabajo. Cualquier técnico puede reconocer una situación de riesgo, los factores predisponentes, y detectar un foco nuevo de loque americana mucho tiempo antes de que éste se produzca, lo que hace que en la mayoría de los casos sean controlados o corregidos a tiempo. Igualmente y por problemas que veremos mas adelante, siempre aparecen nuevos y peligrosos brotes de esta enfermedad, tan difícil de controlar. Qué hacen los apicultores El apicultor habitualmente utiliza todas las herramientas con las que cuenta; de este modo mezcla la quimioterapia, con las medidas de manejo, sabiendo de ante mano que con las primeras solo pone un freno temporal al problema y con las segundas empieza a realizar cirugía. En términos generales cuando un apicultor encuentra colmenas enfermas en su colmenar, las retira, dependiendo del grado de infección. A las colmenas que quedan en el apiario suele curarlas con un antibiótico, no siendo ésta una practica generalizada; las colmenas enfermas se cepillan o paquetean y el material se desinfecta generalmente con parafina caliente (ver recuadros). Una vez recicladas, las colmenas vuelven al apiario seguramente el próximo año. En otros casos, cuando las colmenas son pocas, son directamente quemadas. Qué hace el gobierno El gobierno a través de sus proyectos apícolas ha implementado estos últimos años varias medidas, desde las apidemostraciones (jornadas de campo donde se enseñan todas las prácticas de control, directamente en las colmenas), que recorrieron el país enseñando a los apicultores a cepillar, paquetear, desinfectar, y a conocer la enfermedad, hasta las charlas técnicas que podemos contar por cientos en un país tan grande como diverso.Desde el proyecto donde pertenecemos la mayoría de los técnicos, el PROAPI o Proyecto Integrado de Desarrollo Apícola, que involucra al INTA, las Universidades de Mar del Plata, del Centro y de Córdoba y algunos gobiernos provinciales, se organizaron las apidemostraciones y varios cursos para promotores apícolas (profesionales jóvenes que se insertan en el medio apícola). Estos cursos permiten multiplicar, a través de ellos, los nuevos conocimientos e intercambiar con promotores mas experimentados las nuevas visiones del avance de ésta y otras enfermedades. Por otro lado un Programa de Mejoramiento Genético de Abejas, (iniciado en 1992) básicamente enfocado a la resistencia a enfermedades de la cría, comienza a dar sus primeros resultados concretos en cuanto al control de esta enfermedad. Actualmente se comercializan en Argentina mas de 20.000 reinas con la característica de alto comportamiento higiénico, y se prevé cuadriplicar esta cifra en los próximos dos años. Esto podría aumentar la frecuencia de genes higiénicos a nivel del país durante la próxima década. A su vez varios gobiernos provinciales han implementado medidas políticas y sanitarias para controlar la enfermedad. En la foto: Jornada de trabajo de campo con técnicos del PROAPI La situación actual El avance de la varroasis (cada vez más difícil de controlar) y la baja de los precios internacionales de la miel, han hecho que los apicultores en determinadas regiones pierdan un poco el control, lo que sumado a una menor presión del gobierno, ha desencadenado en la aparición de algunos focos esporádicos, sobre todo en regiones donde la sequía, la superpoblación de colmenas y la varroasis han hecho estragos en las colmenas. Estas situaciones de estrés y la menor atención (cantidad de visitas a los colmenares) son factores desencadenantes en la aparición de esta enfermedad. Si bien estamos lejos de aquellos grandes focos de la etapa muda y de reconocimiento, es una luz de alerta para que los apicultores no bajen los brazos. Asimismo, la incidencia dentro de los apicultores profesionales es muy baja, no superando en los peores casos el 2% y en términos generales no supera el 3% del total de las colmenas de una región. Con mucho trabajo y un programa concreto, Argentina ha superado un problema complejo. Agradecimientos Los autores agradecen la ayuda brindada por los apicultores y los jóvenes profesionales apícolas, durante los primeros años, para controlar el mas grave problema sanitario que enfrentó la apicultura argentina. FACTORES PREDISPONENTES
PROCEDIMIENTO DEL CEPILLADO
DESINFECCIÓN
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