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| ESTRATEGIAS DE LUCHA CONTRA LAS ENFERMEDADES Mejora genética del ganado y uso racional de los tratamientos
Como actividad agropecuaria, la apicultura está sujeta a la necesidad de obtener rendimientos que la hagan económicamente sustentable. El éxito económico de las empresas apícolas está determinado por la correcta combinación de los recursos disponibles y la disminución del impacto de los factores negativos. Entre estos últimos se destacan las enfermedades de las abejas. El combate químico a las enfermedades Las enfermedades de la cría que han causado mayor daño económico en las últimas décadas en países con apiculturas desarrolladas son la loque americana causada por la bacteria Paenibacillus larvae, la loque europea causada por la bacteria Melissococcus pluton, y la Ascosferiosis o cría yesificada provocada por el hongo Ascosphaera apis. Entre las parasitosis, la más destacada es, sin duda, la varroasis causada por la presencia del ácaro ectoparásito Varroa destructor, y en segundo lugar la acariosis causada por el ácaro traqueal Acarapis woodi. En las abejas adultas se destaca la nosemosis debida a la presencia del protozoario Nosema apis. Todas estas patologías tienen una amplia distribución en el mundo, estando presente en la mayoría de los países. La dispersión se dio en pocas décadas en el siglo pasado y actualmente las regiones del mundo libres de enfermedades son muy reducidas. Además, una vez que las enfermedades son detectadas en un país difícilmente se las puede erradicar, debiendo los apicultores convivir con ellas. Aunque no hay estimaciones globales del perjuicio económico que las enfermedades ocasionan, no es difícil imaginar cifras millonarias de pérdidas anuales principalmente por la muerte de colonias y los costos de reposición, disminución de la productividad de miel, gastos en curaciones de las colmenas (costos de los medicamentos sumados a los operativos de su aplicación), etc. Es así que la apicultura moderna tiene entre sus principales desafíos el establecer una estrategia para combatir las enfermedades de las abejas. La opción de controlar las enfermedades únicamente con específicos químicos constituye una visión cortoplacista del problema que tiene varios aspectos negativos: 1- Existe el riesgo de seleccionar patógenos que en el corto plazo muestren resistencia a los medicamentos, lo que conduciría a aumentar las concentraciones de los productos que se utilizan actualmente o sustituirlos por otras formulaciones. Desde hace años se vienen denunciando la presencia de Varroas resistentes al fluvalinato o cepas de Paenibacillus larvae que no responden a la oxitetraciclina. Este problema se ve agravado si consideramos que la apicultura moderna se apoya en un movimiento muy grande de material vivo (colonias, núcleos, paquetes y reinas de abejas), determinando que la aparición de cualquier patógeno con grado de resistencia o virulencia mayor desarrollado en una región (por ejemplo una cepa bacteriana, o una variedad de Varroa), deja rápidamente de ser un problema local propagándose hacia otras zonas. Aunque los países tracen políticas estrictas sobre la introducción de material vivo, las fronteras políticas no son barreras de aislamiento para la gran mayoría de los países, con excepción de las islas. Por lo tanto, es poco lo que se puede hacer para evitar la propagación de las enfermedades. 2- La presencia de residuos químicos en los diferentes productos de las colmenas (miel, polen, cera) es, en algunos casos inevitable, lo que dificulta su comercialización en mercados exigentes donde el consumidor se encuentra muy sensibilizado con el problema de los residuos y prefiere productos orgánicos o ecológicos. Asociado a este problema aparece la imposibilidad de producir miel orgánica (también denominada ecológica o biológica), de acuerdo a las normas vigentes para la apicultura ecológica, desaprovechando el enorme potencial que tienen muchos países para este tipo de producción. 3- Los específicos químicos actúan no solamente sobre los patógenos que queremos eliminar, sino que también pueden incidir negativamente sobre las propias abejas y la microfauna presente en la colmena, la cual puede tener un papel importante en el control de bacterias, hongos y ácaros. Éste es un tema que merece un amplio estudio en el futuro. 4- Finalmente, una mala utilización (indiscriminada y permanente) de medicamentos puede llevar a ocasionar lo que se denomina un paraguas químico, es decir, se protege artificialmente a las colonias de abejas que presentan baja resistencia a los patógenos y que no sobrevivirían sin los tratamientos. Por el contrario, la pérdida de colonias susceptibles y débiles año tras año, aunque en lo inmediato significa un costo para el apicultor, trae aparejado el aumento y dispersión paulatina de las características valiosas que confieren tolerancia a las enfermedades. Muchos productores valoran y cuidan la rusticidad de aquellas abejas que conviven con diferentes patógenos sin sufrir mayores consecuencias. Los cuatro problemas mencionados se agravan si el productor apícola encara la lucha química contra las enfermedades de sus abejas sin asesoramiento técnico; esta práctica puede conllevar la aplicación de productos: a) sin diagnóstico previo de las colonias, b) con dosificaciones exageradas o insuficientes, c) elaborados en base a formulaciones caseras de medicamentos, d) cuya utilización está prohibida en apicultura. La apicultura en Uruguay y su situación sanitaria La apicultura uruguaya tuvo un desarrollo significativo en la década de 1960 cuando se hicieron efectivas las primeras exportaciones de miel. En los años 70 y 80 se convirtió en una agroindustria de neto perfil exportador y ya en los 90 la miel era el segundo producto de exportación de origen granjero detrás de los cítricos. Actualmente la producción apícola se consolida en esta posición, y en el panorama mundial se ubica en torno al décimo lugar como país exportador. Existen algo más de 3.000 apicultores que trabajan en todo el territorio nacional obteniendo mieles de muy buena calidad, con variados colores y muy aromatizadas, fundamentalmente de leguminosas (trébol blanco, trébol rojo, lotus), forestaciones de eucaliptos y montes naturales de árboles indígenas. Las abejas que predominan están altamente hibridadas con un componente importante de abejas ibéricas que fueron las primeras en introducirse en esta parte del continente americano en la primera mitad del siglo XIX, y en segundo término abejas carniolas e italianas traídas de Italia, Estados Unidos y Argentina en los últimos 30 años. También hay un pequeño grado de africanización, que no alcanza, sin embargo, para que las abejas se comporten como las netamente africanizadas de otras regiones del continente americano. En Uruguay están presentes, con distinto grado de incidencia, las enfermedades de las abejas ya mencionadas, pero la que principalmente concentra la preocupación de los apicultores es la varroasis. La postura de los productores frente a los problemas sanitarios no es homogénea y al igual de lo que ocurre en otros lugares se generan discusiones apasionadas en torno a cuestiones tales como: ¿curar o no curar?, ¿cuándo curar?, ¿qué medicamento utilizar?, ¿curar preventivamente o no?, ¿con qué tipo de abeja se debe trabajar?, ¿cómo invernar las colonias?, etc. De todos modos, es importante destacar que un número muy importante de apicultores en todo el territorio nacional tienen rendimientos muy buenos de miel y reducidas pérdidas de colonias sin utilizar medicamentos. Esto no significa que las colonias estén libres de enfermedades, sino que presentan un grado de tolerancia importante a los diferentes patógenos. Un ejemplo ilustrativo lo constituye la llegada de Varroa al Uruguay en el año 1978. Al principio, los apicultores pensaron que iban a perder una gran cantidad de colonias, visto el daño que el parásito causaba en otros países. Sin embargo, en pocos años los niveles de infestación por el ácaro disminuyeron y las colonias en todo el país pudieron convivir con él sin mayores consecuencias. El Laboratorio de Apicultura de la Dirección de Laboratorios Veterinarios M. C. Rubino (DILAVE), organismo oficial encargado de la sanidad animal, monitorea las diferentes enfermedades utilizando una red de Laboratorios de Sanidad Apícola distribuidos en todo el país. Esta institución considera que colonias con infestaciones de Varroa superiores al 15%, de muestras de abejas adultas obtenidas en otoño, posiblemente ocasionen mermas importantes en la producción de miel en la temporada siguiente. Éste es el valor de referencia a partir del cual se recomienda tomar medidas sanitarias. Del total de muestras analizadas en el período 1999 - 2001, solo el 14% superaron el umbral del 15% de infestación. Cabe acotar que las muestras no surgen de un muestreo, sino que fueron suministradas por apicultores que las tomaron en apiarios con sospecha de problemas sanitarios o bajos rendimientos de miel. Por lo tanto, la estadística presentada posiblemente magnifique la presencia de varroasis en el país. De todos modos, aunque los niveles de infestación de las colonias sean elevados, las Varroas difícilmente pueden matar una colonia por sí solas en nuestro país. Aún así, algunos apicultores suelen atribuir únicamente a las Varroas las pérdidas anormales de colonias o los bajos rendimientos de miel, optando por utilizar acaricidas preventivamente. Uruguay posee una ventaja relativa al contar con abejas con un grado importante de tolerancia a las enfermedades más comunes. Sin embargo, esta posición puede perderse rápidamente si se extiende la práctica de curar masiva y preventivamente las colonias. De ahí que sea fundamental la búsqueda de estrategias alternativas viables para controlar la sanidad de los stoks apícolas. Selección de abejas tolerantes a enfermedades Como explicamos al principio, la alternativa de combatir las enfermedades únicamente con medicamentos es un callejón sin salida que puede comprometer a la apicultura en las próximas décadas. En cambio, el mejoramiento genético de las abejas para reducir el impacto negativo de las enfermedades es una apuesta para mejorar la situación sanitaria en el mediano y largo plazo. Actualmente existe un conjunto de información básica que detalla los diferentes mecanismos de resistencia que presentan las abejas a cada una de las enfermedades y entre los que se encuentran los comportamentales, fisiológicos y los relacionados a la alimentación de las abejas. Por otro lado, hay numerosos programas de mejoramiento genético en varios países, implementados de manera diferente y que responden a distintas necesidades (aumento de la producción de miel, disminución de la varroasis, aumento de la mansedumbre, etc.). De estos emprendimientos se han obtenido valores de heredabilidad y correlaciones de varias características valiosas que indican las posibilidades de extenderlas con un programa de selección. Finalmente, hay varios estudios teóricos que muestran las ventajas y dificultades que presentan los distintos métodos de selección tanto en poblaciones cerradas como abiertas. Con toda esta información disponible se pueden diseñar programas de mejoramiento genético cuyos objetivos atiendan las principales demandas de los apicultores de un país o región. En Uruguay, pese a tener muchos apicultores con buen nivel técnico, no se ha podido elaborar un programa de selección de abejas de alcance nacional, destacándose solamente experiencias puntuales en el terreno de la investigación, y el aporte más limitado de los criadores de reinas. Por nuestra parte, estamos realizando un proyecto de mejoramiento genético junto con un importante grupo de apicultores que aspiran a aumentar la productividad de miel de sus colonias y reducir la incidencia de las enfermedades evitando la utilización de medicamentos. Para atender este último aspecto se busca mejorar el comportamiento higiénico de las abejas. Comportamiento higiénico El comportamiento higiénico consiste en la limpieza de celdas conteniendo pupas muertas, e implica la secuencia de dos actividades bien definidas: el desoperculado de las celdas y la posterior remoción (extracción) del contenido. Walter C. Rothenbuhler y sus colaboradores, durante la década de 1960 fundamentalmente, realizaron numerosos estudios sobre los aspectos genéticos y ambientales que inciden en la manifestación del comportamiento higiénico. Estas investigaciones formaban parte de la búsqueda de mecanismos de resistencia en las abejas para combatir la loque americana en los Estados Unidos. El resultado más difundido fue el hallazgo del patrón de herencia de este comportamiento: solo intervendrían dos genes recesivos, uno controlando la actividad de desoperculado y otro la de remoción. De este modo, sólo las abejas doble recesivas podrían realizar un comportamiento higiénico completo. No obstante, este modelo no parece explicar totalmente la complejidad del comportamiento higiénico; sin duda existe una gran incidencia de factores ambientales y sociales. Algunos años después se investigó la posibilidad de controlar la cría yesificada (pollo escayolado) y la varroasis mediante colonias higiénicas, con resultados alentadores fundamentalmente en el caso de la cría yesificada. En el caso de Varroa, la cantidad de ácaros presentes en las colonias está determinado por varios factores, además del comportamiento higiénico, como son: el comportamiento de grooming en las abejas, la fertilidad de las Varroas en diferentes colonias y ambientes, la duración del período de operculado de las celdas, el tamaño de las celdas, la presencia de polen, etc. Para una extensa y completa revisión de las principales investigaciones realizadas sobre el comportamiento higiénico de las abejas recomendamos leer el artículo de Marla Spivak y Martha Gilliam publicado en la revista Bee World, Volumen 79, Nº 3 y 4 en el año 1998. En nuestro país hemos encontrado que las colonias muy higiénicas rara vez presentan cría yesificada y que se recuperan rápidamente después de contaminar experimentalmente las colonias con Ascosphaera apis. Esta enfermedad está presente en todo el país, fundamentalmente en primavera.
El comportamiento higiénico también constituye un componente de resistencia a la loque europea. Esto lo verificamos en dos apiarios experimentales que sufrieron un fuerte ataque de esta enfermedad en la primavera anterior. Es de destacar que no hay mucha información publicada sobre cómo responden las colonias higiénicas a la loque europea, enfermedad cuyos síntomas clínicos se presentan fundamentalmente en la cría abierta. Evaluación del comportamiento higiénico de las colonias El procedimiento básico consiste en colocar en la colmena un panal con un conjunto de pupas muertas y registrar el número de celdas que las abejas limpian en un tiempo dado (por ejemplo 24 o 48 horas) o, alternativamente, registrar el tiempo empleado en la limpieza total de las celdas. Las dos formas de matar a la cría más utilizadas son: la congelación (implica cortar un pedazo de panal con la cría adecuada, colocarlo en un congelador (freezer) y luego devolverlo a la colmena), y el pinchazo con un alfiler entomológico a través del opérculo. En nuestros trabajos evaluamos el comportamiento higiénico de las colonias matando aproximadamente 100-120 larvas recién operculadas con el método del pinchazo y luego contamos el número de celdas limpiadas por las abejas en 24 horas. Consideramos colonias higiénicas aquellas que desoperculan más del 90% de las celdas experimentales y no higiénicas a las que desoperculan celdas por debajo de este valor. De nuestra experiencia extraemos los siguientes consejos prácticos para aplicar esta técnica: 1- El comportamiento higiénico se expresa de forma muy variable en las colonias poco higiénicas, pudiendo alcanzar en algunas pruebas valores encima del 90 %. En cambio, las colonias higiénicas, por lo general, mantienen una buena respuesta de limpieza a lo largo de diferentes pruebas. Por lo tanto, es imprescindible evaluar las colonias varias veces para discriminar entre los dos tipos de colonias con el menor error. Tres pruebas ya dan un margen de seguridad importante. 2- En el momento de inspeccionar las celdas experimentales para evaluar la capacidad de limpieza de las colonias se encuentran celdas completamente limpias, celdas desoperculadas con restos larvales de diferentes tamaños, celdas con pequeños orificios en el opérculo y celdas operculadas. Para cuantificar el comportamiento higiénico nosotros consideramos únicamente las celdas desoperculadas (el orificio en el opérculo mayor al 75% de la superficie del mismo). La remoción de las larvas muertas es una actividad en la que las colonias higiénicas y no higiénicas no muestran diferencias significativas, realizándose en pocas horas principalmente a través de su ingestión. La capacidad de remoción debería medirse como la masa de tejidos larvales retirados de las celdas, y esto no siempre se corresponde con el número de celdas limpias. Muchos de los restos larvales pueden corresponder a celdas desoperculadas poco tiempo antes de retirar el panal de la colmena. Si solamente se consideran las celdas completamente limpias se corre el riesgo de subevaluar el comportamiento higiénico de las colonias. De todos modos, las colonias muy higiénicas por lo general presentan la mayoría de las celdas desoperculadas completamente limpias, incluso con néctar y polen en su interior. Este aspecto de la técnica seguramente es muy controvertido. 3- El crecimiento natural de las colonias en población adulta y subadulta no incide mayormente en la manifestación del comportamiento higiénico. Esto es beneficioso en zonas donde las estaciones son muy marcadas y las colonias acompañan los cambios climáticos reduciendo o aumentando su tamaño. Se pueden evaluar varias veces las colonias sin considerar el desarrollo de las mismas. De todos modos, consideramos que es más seguro comenzar las pruebas cuando la población de la colonia cubre casi todos los marcos de una cámara de cría. 4- En el momento de matar la cría es muy importante que el alfiler entre derecho desde el centro del opérculo hasta tocar el fondo de la celda y luego moverlo de arriba hacia abajo realizando pequeñas variaciones en el ángulo del recorrido. De este modo, prácticamente se elimina la posibilidad de dejar alguna larva con vida que distorsione el resultado de la prueba. Si durante la realización de la misma el opérculo es rasgado, conviene desopercular manualmente la celda y vaciarla para que el resultado sea más conservador. El evaluador puede determinar si la prueba está bien realizada inspeccionando el panal varios días después para confirmar la limpieza total de las celdas. 5- Muchos apicultores interpretan, equivocadamente, que los residuos que las abejas retiran de la colmena soltándolos en el campo y que también suelen encontrarse en la piquera y piso de la colmena (abejas muertas, polen viejo, etc.) son indicadores del comportamiento higiénico de las colonias. Sin embargo, estos residuos son eliminados por abejas más viejas que las encargadas de realizar comportamiento higiénico y no tiene por qué existir una asociación entre ambas actividades. 6- Las colonias higiénicas se encuentran presentes en la mayoría de los apiarios de producción. En Uruguay hemos encontrado que las colonias higiénicas constituyen entre un 15-60 % de las colonias del apiario, por lo que cualquier productor puede tener a su alcance este tipo de colonias para multiplicar. Cabe aclarar que la prueba de comportamiento higiénico parte del supuesto de que las abejas responden igual frente a la cría operculada matada por un pinchazo o por enfriamiento, que frente a la muerte debido a la presencia de enfermedades como la loque americana, cría yesificada o a las que se encuentran infestadas por Varroas. La evaluación debe ser seguida de muestreos sanitarios e inspecciones de la cría para corroborar la menor presencia de enfermedades en las colonias higiénicas, ya que otras características negativas de las abejas pueden aportar susceptibilidad a los patógenos. Incluso, con buenas condiciones de seguridad, se puede evaluar la tolerancia de las colonias a enfermedades contaminándolas con el patógeno que se busca controlar. Las perspectivas La implementación de programas de mejoramiento genético para obtener abejas con mayor tolerancia a las enfermedades y así reducir la incidencia de las enfermedades en la producción, constituye un camino lento pero más auspicioso que la opción inmediatista de controlar las enfermedades solamente en base a medicamentos. Como describimos anteriormente, en general, las abejas en Uruguay presentan una buena tolerancia a los agentes patógenos más comunes, destacándose la baja incidencia de la varroasis en la mayor parte del territorio. A esto se suma la capacidad de producir cantidades importantes de miel, siendo común encontrar colonias que en temporadas normales superan los 90 kilos. Ambas características posibilitan implementar programas de selección a partir de nuestras abejas, sin necesidad de importarlas de otros países. El éxito de la estrategia planteada va a depender en gran medida de que las abejas seleccionadas lleguen al productor, y de que los programas de mejoramiento no queden aislados sin ninguna incidencia en la producción apícola. En este sentido, a los apicultores les cabe la responsabilidad de recambiar las reinas de sus colonias en forma sistemática. En cuanto a los alcances de trabajar con colonias higiénicas, muchas veces los apicultores creen poder erradicar completamente las enfermedades que afectan a la cría utilizando este tipo de abejas. Esta es una visión reduccionista del problema, que sobrevalora el potencial del comportamiento higiénico y no contempla la existencia de otros mecanismos de resistencia. Finalmente, la obtención de líneas de abejas más sanas no implica dejar de utilizar medicamentos, sino racionalizar su aplicación para reducir los efectos secundarios negativos. En este sentido, la posición oficial expresada a través de la Dirección de Laboratorios Veterinarios sobre como encarar el tema sanitario, se acompasa con nuestra propuesta y se puede resumir en las sugerencias al apicultor que se recogen en el cuadro siguiente.
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