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ASCOSFERIOSIS

Control del pollo escayolado en el colmenar. Avance de las investigaciones realizadas con cargo al Plan Apícola Nacional

José Manuel Flores y Francisco Puerta
Centro Andaluz de Apicultura Ecológica (CAAPE). Córdoba, España


La ascosferiosis, junto a otras patologías, ha pasado a tener una importancia menor en los últimos años tras unas campañas en los años ochenta de fuerte incidencia que la llevaron a convertirse en el primer problema sanitario de las colmenas en España, lugar ocupado ahora mismo por la varroasis. Sin embargo, los autores alertan de que no es posible olvidarse de ella, ya que continúa presente y si aparecen las condiciones adecuadas o un cambio en su virulencia podemos llegar a sufrir brotes similares a los que están en el recuerdo de todos.
 Por ello, desde el CAAPE se ha continuado investigando las posibilidades de controlar esta enfermedad, en concreto, el proyecto de investigación actualmente en marcha contempla: estudiar la eficacia de diferentes tratamientos químicos de síntesis; desarrollar y proponer las medidas de manejo adecuadas para luchar contra la recurrente aparición de la enfermedad; y estar preparados si nuevos y más virulentos brotes de la enfermedad aparecieran en nuestros colmenares. Se ofrece en este artículo los resultados obtenidos en el ensayo con un producto comercial y las pruebas que llevaron a poner a punto las técnicas de evaluación de la eficacia de los productos en las colmenas.

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Imagen Las momias aparecen en posición vertical en las celdillas (foto superior izquierda) y en su superficie generan esporas que se vuelven oscuras; momias blancas y negras, las que contienen esporas (foto superior derecha) que contaminan el interior de las colmenas; esporas vistas al microscopio óptico (foto izquierda) (fotos: autores)

En los últimos años, la varroasis, y otros procesos relacionados con ella, ha provocado que algunas patologías hayan pasado a un segundo plano, reduciendo su incidencia. Este es el caso de la ascosferiosis o “pollo escayolado”. Esta enfermedad ha pasado en poco tiempo de ser el principal problema sanitario de nuestra apicultura, a tener una importancia menor. No obstante, se sigue presentando de forma insidiosa cada año, aunque sea en un número pequeño de colmenas, recordándonos que continúa presente y que en cualquier momento un cambio en su virulencia o la aparición de condiciones propicias pueden provocar nuevos brotes similares a los que sufrimos en los años ochenta.
Por otra parte, muchos apicultores asocian sanidad con tratamientos: tener un colmenar saludable se logra aplicando productos. Los laboratorios que comercializan esos productos alimentan esta creencia, y es frecuente ver en su publicidad una lista de enfermedades a la que acompaña el correspondiente medicamento para solucionar el problema.
Éste es también el caso con el pollo escayolado, a pesar de la insistencia en que se trata de una enfermedad factorial, y por tanto la mejor forma de luchar contra ella es con el manejo, aún podemos encontrar productos para su tratamiento que se anuncian y se venden a los apicultores, aunque su eficacia no siempre está comprobada. En ocasiones estos productos suponen más un riesgo de residuos y de disminución de la calidad de la miel, que un beneficio claro.
Una de las líneas de investigación que financia el Plan Apícola Nacional es el estudio del manejo como método de control de las enfermedades en las colmenas y minimizar así el uso de medicamentos y, con ello, el riesgo de aparición de residuos en la miel.

Proyecto de investigación

En este sentido, el proyecto API 99-007 "Control alternativo de la ascosferiosis: evaluación y eliminación de reservorios en las colmenas. Prevención de causas predisponentes", está planteado con un triple objetivo:
• Estudiar la eficacia de los tratamientos químicos de síntesis para el control de la enfermedad.
• Desarrollar y proponer las medidas de manejo adecuadas para luchar contra la recurrente aparición de la enfermedad.
• Estar preparados si nuevos y más virulentos brotes de la enfermedad aparecieran en nuestros colmenares.
El proyecto se concedió para realizarlo en cuatro años, y actualmente está a medio camino. Durante ese tiempo hemos solucionado los problemas que teníamos para reproducir y valorar la aparición de la enfermedad de forma controlada, y hemos estudiado la eficacia del producto comercializado actualmente para el tratamiento de la micosis en España: Apimicos-B (Laboratorios Kessler).
En la segunda parte del proyecto estudiaremos otros aspectos que ayuden a controlar de forma práctica esta patología: la forma en que la enfermedad se extiende y permanece dentro de la colmena (para conocer qué materiales de la colmena tenemos que retirar cuando aparezca la micosis); la importancia de las esporas que puedan ir en la cera; y la influencia que pueda tener el abuso del cazapolen o de los antibióticos.
En el desarrollo del proyecto trabajamos conjuntamente el Centro Andaluz de Apicultura Ecológica de Córdoba y el Centro de Investigación y Formación agraria de Hinojosa del Duque (Córdoba). En este artículo presentamos los resultados alcanzados en la primera anualidad del proyecto.
Aunque el proyecto ha sido diseñado con un innegable enfoque práctico y aplicado, somos conscientes de que a la hora de presentar los resultados obtenidos, algunos de ellos pueden parecer tediosos para aquellas personas deseosas de ver los aspectos prácticos del dinero que se invierte en nuestros grupos. Por otra parte, también es cierto que los otros resultados, los que pueden parecer menos aplicados, son fundamentales para conseguir el fin que nos hemos propuesto: luchar contra el pollo escayolado con medidas de manejo. Por ello hemos creído conveniente invertir el orden natural del artículo, presentando primeramente los resultados obtenidos al valorar el producto comercial (más interesante para el apicultor), mientras que hemos dejado para el final el proceso que ha permitido desarrollar las técnicas empleadas.

Breve recordatorio

Esta enfermedad es una micosis, o lo que es lo mismo, está producida por un hongo. El hongo sólo afecta a la cría, y no a las abejas adultas. Para extenderse de unas abejas a otras o entre colmenas y colmenares, usa unas formas de resistencia llamadas esporas, que son capaces de aguantar vivas dentro de la colmena durante muchos años, hasta que las condiciones le son propicias. Las esporas son ingeridas por las larvas, y cuando se dan las condiciones adecuadas germinan, dando lugar al micelio, que es el que invade los tejidos de la cría de las abejas y la mata. El pollo queda así convertido en algo parecido a un trozo de tiza, de coloración blanquecina o parda, encajado de forma vertical en la celdilla.
 El pollo escayolado es una enfermedad factorial, donde es necesario que además de la presencia de las esporas en las colmenas, actúen unas causas desencadenantes. El enfriamiento es la única causa que ha podido demostrar una acción directa sobre la aparición del proceso, pero se sospecha que varias más pueden presentar cierta importancia. Para más información sobre la enfermedad se pueden consultar los artículos “Algunas aportaciones sobre la ascosferiosis en Apis mellifera”(Vida ApÍcola 33, 1989: 44-51) y “Ascosferiosis: efecto de las causas predisponentes y métodos de prevención en el colmenar” (Vida apÍcola 71, 1995: 33-39).
 Por otra parte, las medidas de manejo para frenar un brote se deben basar en retirar de las colmenas el mayor número de esporas posible y en no provocar aquellas circunstancias sin las cuáles el proceso no se desencadena. No obstante, cuando un apicultor tiene un brote de pollo escayolado, suele recurrir a aplicar el tratamiento correspondiente. La enfermedad desciende muchas veces de forma espontánea, y esa curación es achacada a la acción del fármaco. El apicultor no suele dejar unas cuantas colmenas que sufran la micosis sin darles el producto, a ver si su evolución es diferente a las tratadas (los investigadores llamamos a ese grupo de colmenas “testigo”).
Para poder ver si un producto funciona frente al
pollo escayolado, hay que tener la posibilidad de provocar la enfermedad a voluntad, de una forma controlada, y ver qué ocurre con el pollo de las colmenas que reciben el producto frente al pollo de colmenas que no reciben el fármaco.
Si se momifican menos larvas en las colmenas tratadas respecto a las que no lo están, es que el producto funciona; en caso contrario, es decir, se momifican por igual las larvas del grupo tratado que las larvas del grupo sin tratar, la aplicación del producto es una pérdida de tiempo y dinero.
A continuación se describe cómo se ha hecho el experimento, en el que básicamente se ha comparado lo que se momifican larvas procedentes de colmenas tratadas con Apimicos-B respecto a larvas de colmenas no tratadas con este producto. En el apartado posterior se describe cómo se ha llegado a ese diseño de experimento.

Evaluación de la eficacia del Apimicos-B contra el pollo escayolado


En el experimento trabajamos con 12 colmenas. Para inocular las esporas en la colmena mezclamos momias pulverizadas con polen: cada colmena fue infectada con las esporas de 15 momias, mezclándolas con polen y suministrándolas sobre los cabezales de los cuadros. De esta forma aseguramos que el hongo va a estar presente, tal y como ocurriría en una colmena enferma.
Para valorar la incidencia de la enfermedad (número de momias producidas) recurrimos a una técnica consistente en obtener periódicamente porciones de panal de las colmenas, con cría próxima a opercularse, a la que enfriábamos poco antes de la operculación y justo después, valorando posteriormente sobre esta cría la cantidad de momias que se producían (para más detalles sobre la técnica, ver el siguiente apartado).

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Dos formas de inocular las esporas en la colmena para provocar la enfermedad: pulverizando una suspensión líquida de esporas sobre los cuadros o aplicando polen mezclado con un macerado de momias sobre los cabezales de los cuadros. Esta segunda forma es la que permite reproducir la enfermedad de una forma más eficaz y es la que se ha usado en el ensayo del producto.
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Imagen Porción de panal con larvas extraído de una colmena inoculada con esporas del pollo escayolado mezcladas con polen y que recibió el tratamiento con Apimicos-B. Como se puede apreciar, el producto no evita la momificación de las larvas (manchas algodonosas saliendo de varias celdillas)

Para realizar el tratamiento, dos días después de la inoculación de las esporas en las colmenas se aplicó el Apimicos-B en 6 colonias de la forma indicada por el fabricante, mientras otras 6 quedaron sin tratar, como testigos. Al no obtenerse resultados satisfactorios en el control de la enfermedad, 4 semanas después se aplicó un nuevo tratamiento con Apimicos-B (como indica el fabricante en caso de persistir la enfermedad), y se hizo un nuevo seguimiento durante otras 4 semanas más. Tampoco obtuvimos resultados satisfactorios durante el mes siguiente, es decir, se momificaba estadísticamente el mismo número de larvas en las colmenas que recibieron el tratamiento respecto a las colmenas que no lo recibían.
Estos resultados se representan en la gráfica 1. De ella podemos obtener dos conclusiones:

GRÁFICO 1 / Evolución de la momificación en dos grupos de colmenas (6 + 6) inoculadas con esporas de Ascosphaera apis. En uno de los grupos se aplicó un tratamiento contra la enfermedad en base al Apimicos-B, el otro quedó como testigo. El tratamiento con Apimicos-B se aplicó siguiendo las instrucciones del fabricante.



1.- La enfermedad no se expresa de una manera uniforme. Aparecen altibajos en la producción de momias. Esto sucede tanto en las colmenas tratadas como en las que no lo son. Se aprecia una reducción de la enfermedad, es decir, una reducción en el número de momias que aparecen, aproximadamente dos semanas después de cada aplicación (controles 2 y 3, y controles 6 y 7), aunque después el número de momias se eleva nuevamente. Si no hubiéramos dejado colmenas testigo, probablemente achacaríamos la reducción de la enfermedad (del número de momias), al tratamiento. Por suerte, las colmenas testigos nos dan la auténtica dimensión de los resultados, pudiéndose comprobar que esa misma reducción de la enfermedad se ha producido aún sin tratar las colmenas.
Como ya hemos mencionado, cuando a un apicultor le aconsejan que use un producto contra ésta u otra enfermedad, generalmente trata todas las colmenas, sin dejar testigos, por lo que si se produce una de estas oscilaciones en el número de momias producidas, puede achacar al producto lo que es fruto de la propia naturaleza de la enfermedad, que no se expresa de una forma continuada y uniforme.
Con demasiada frecuencia, cuando lo vuelve a usar, se encuentra que no es tan efectivo.
2.- Aunque en 6 de los 8 controles las colmenas tratadas con Apimicos-B presentaron algo menos de pollo escayolado, no existieron diferencias estadísticas respecto a las colmenas que no recibieron tratamiento. Esto equivale a decir que el producto no ejerció influencia en la aparición de la enfermedad. Es decir, que tanto si aplicamos el Apimicos-B, como si no lo hacemos, la incidencia de la micosis en el colmenar va a ser la misma.

Estudios previos para definir la forma de inoculación de las esporas y evaluación de la enfermedad

Los resultados obtenidos en este apartado han sido los que han permitido realizar el experimento anterior. Muchos pueden preguntarse cómo es posible que sigan existiendo grandes lagunas sobre esta enfermedad, a pesar de haberse invertido tantos medios en todo el mundo en los años setenta, ochenta e incluso principios de los noventa. El problema fue que no se resolvió un elemento tan básico como era provocar la enfermedad en las colmenas de forma controlada y poder valorar su intensidad.

Valoración de la intensidad

Al estudiar cómo valorar la intensidad de la enfermedad (número de momias producidas), constatamos que la recuperación de momias en las piqueras, los fondos y las celdillas no refleja la intensidad de la micosis.
Pudimos comprobar que las momias que se pueden recoger en las celdillas, en los fondos o en trampas situadas en las piqueras de las colmenas no eran significativas del número real de momias que había en las colmenas. Para comprobarlo trabajamos con 6 colmenas que no presentaban síntomas de la enfermedad, a las que colocamos cazapólenes con la rejilla inferior modificada para permitir la caída de las momias desde el interior de las colmenas a los cajones, donde eran recogidas a modo de trampas. En cada colmena metimos 20 momias de pollo escayolado en celdillas de cría que marcamos en láminas de plástico transparentes, para su posterior localización. Este experimento lo repetimos 4 veces en cada colmena.
Nuestra sorpresa fue que gran parte de las momias desaparecieron sin dejar rastro, y no pudimos encontrarlas ni en las celdillas donde las metimos, ni en los fondos de las colmenas, ni en los cazapólenes preparados como trampas.
Además, el rango de momias recuperadas entre las diferentes colmenas fue muy amplio, oscilando entre el 60% y el 96%, y también muy variable en la misma colmena de una vez para otra (ver gráfica 2). Es posible que las abejas consiguieran sacar el resto de momias a través de las rejillas de las trampas, o que estas momias fueran roídas. En cualquier caso, ello nos indica claramente que en un brote, natural o provocado, en las colmenas, las momias registradas podrían no ser reflejo de la cantidad aproximada de momias producidas en las diferentes colmenas, pudiendo distorsionar los resultados obtenidos. Éste es uno de los problemas con que se han encontrado la mayoría de los investigadores que trataron de estudiar la enfermedad.

GRÁFICO 2 / Porcentaje de momias recuperadas en los panales, los fondos y los cazapólenes trampa, en colmenas en las que se introdujo un número conocido de estas momias en celdillas de cría vacías



Provocar de forma controlada

Estudiamos después cómo provocar de forma controlada la enfermedad; la inoculación de colmenas con esporas no es suficiente.
En este nuevo experimento intentamos averiguar dos cosas:
• Cómo inocular las esporas de la ascosferiosis en las colmenas de una forma eficaz.
• Cómo provocar la micosis de una forma controlada.
En este caso trabajamos con 12 colmenas; todas ellas examinadas previamente de forma exhaustiva para comprobar que no presentaban el más mínimo síntoma de la enfermedad.
Una vez más, las cajas estaban preparadas con cazapólenes como trampas para recoger las momias de pollo escayolado que se pudieran producir. Con las 12 colmenas formamos 4 grupos de 3 colonias cada uno. La diferencia entre los distintos grupos iba a estar en la forma de inocularles las esporas de la enfermedad.

Grupo 1. Jarabe. En este grupo inoculamos las colmenas con las esporas de 15 momias (aproximadamente 1.250 millones de esporas), mezcladas con 1 litro de jarabe formado a partes iguales por glucosa y agua. El jarabe con las esporas se suministraba con un alimentador situado bajo la tapa.

Grupo 2. Polen. Esta vez, las esporas se suministraron mezclando las 15 momias con 150 g de polen, repartido entre los cabezales de los cuadros.

Grupo 3. Agua. A estas colmenas les inoculamos las esporas de 15 momias mezclándolas con 100 cc de agua destilada. Esta suspensión se pulverizaba directamente sobre los panales.

Grupo 4. Testigo. Las colmenas no recibían esporas.

Como queríamos estar seguros de que las colmenas estuvieran altamente infectadas, volvíamos a reinocularlas cada 2 semanas, hasta un total de 3 veces.
Los resultados mostraron que apenas se producían momias (no llegando en ningún caso a las 150 momias/colmena (ver gráfico 3).
Esto sirvió para demostrar que la simple aplicación de las esporas no era suficiente para alcanzar un porcentaje de momificación adecuado, que permitiera valorar la eficacia de un producto.
Por ello desarrollamos una nueva técnica. Consistía en aplicar las esporas de las tres formas descritas, pero además obtener periódicamente porciones de panal de las colmenas, con cría próxima a opercularse, a la que enfriábamos poco antes de la operculación y justo después, metiéndola en estufas de cultivo con temperatura controlada (18º C antes de la operculación y 25º C después de la operculación) (ver gráfico 4).
En esta cría sí apareció la enfermedad en un elevado porcentaje de las larvas (entorno al 90% cuando las esporas se aplicaban mezcladas con el polen o pulverizadas con agua).
Este hecho indicaba que cualquiera de estos dos modos de inoculación asegura que un elevado número de esporas llegue a las larvas, y por otro lado, que este enfriamiento controlado era suficiente para desencadenar el proceso. Por tanto, la técnica a aplicar a la hora de valorar cualquier fármaco o medida preventiva en la micosis tenía que tener en cuenta dos cosas:
• La mejor forma de hacer que las esporas lleguen al pollo de una colmena es administrarlas mezcladas con polen o pulverizalas sobre los cuadros. Al ser el primer método menos agresivo con la colmena, optamos por utilizarlo.
• La mejor forma de provocar que el pollo conteniendo esporas de micosis desarrolle la enfermedad es formar porciones de panal con cría y someterla a un estrés por enfriamiento.
Con estas dos premisas se desarrolló la técnica usada para ensayar el efecto del Apimicos-B.

GRÁFICO 3 / Numero de momias producidas naturalmente en colmenas inoculadas de tres formas diferentes (esporas incluidas en jarabe de glucosa, esporas mezcladas con polen y esporas suspendidas en agua destilada; el cuarto grupo quedó como testigo no inoculado). Las momias fueron recogidas en los panales, los fondos de las colmenas y los cazapólenes usados como trampas. Cada grupo estaba formado por tres colmenas. Los datos se expresan como el número medio de momias recogidas en cada grupo




GRÁFICO 4 / Porcentaje medio de momias producidas a partir de porciones de panal con cría procedentes de colmenas inoculadas de diferentes formas (esporas incluidas en jarabe de glucosa, esporas mezcladas con polen y esporas suspendidas en agua destilada. El cuarto grupo quedó como testigo no inoculado). Para conseguir que la enfermedad se expresara, la cría debió ser estresada con frío



Conclusiones

1) El uso de Apimicos-B para controlar un brote de micosis o para prevenir la aparición de esta enfermedad no es eficaz. Las colmenas tratadas con el producto no presentaron porcentajes de momificación estadísticamente menores a las colmenas que no recibieron el producto.
2) La micosis no aparece de una forma continuada y homogénea en la colmena. El número de momias producidas no es constante en el tiempo. Ésta es la explicación de los niveles variables de momias que se encuentran en las colmenas afectadas, y que a veces desorientan al apicultor.
3) En las colmenas testigos (grupo 4) apenas se produjeron momias. Éste es el resultado que cabe esperar de las colmenas no inoculadas. No obstante, aparecieron algunas, lo cual confirma que las esporas del pollo escayolado se suelen encontrar presentes en todas las colmenas, aunque no observemos síntomas de la enfermedad. Ello nos obliga a no bajar la guardia, pues unas condiciones adversas o un cambio en la virulencia del hongo, pueden provocar nuevos y más graves repuntes de la enfermedad.

Agradecimientos

Las investigaciones presentadas en este trabajo han sido financiadas por el INIA (proyecto API99-007: Control alternativo de la ascosferiosis: evaluación y eliminación de reservorios en las colmenas. Prevención de causas predisponentes) en el Programa de Ayuda
a la Apicultura de la UE y el Gobierno español (CE 1221/97).

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