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EspaciadorTÉCNICA/OPINIÓN


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Espaciador LA APICULTURA
EN ESPAÑA.

¿Un sector en crisis
continua o un sector
emergente?



Antonio Gómez Pajuelo
Consultores Apícolas
(Castellón, España)



Para responder a la pregunta del título hace falta dividirla en sus componentes esenciales:
• ¿Cómo estamos respecto al número de colmenas y su productividad?
• ¿Cómo se agrupan esas colmenas en las explotaciones apícolas y qué viabilidad tienen?
• ¿Cómo está el mercado de productos apícolas?

Vamos a verlo.

Número de colmenas y productividad

De las colmenas

Si componemos una tabla con lo que se ha ido publicando sobre censos de colmenas, (tabla 1), vemos que los datos antiguos son incompletos. Autores de la zona centro (Castilla-La Mancha) citan para 1744, basándose en los registros de los diezmos entregados a la iglesia y anotados por ésta, cosechas de miel de entre 11,5 kg. y 2,8 kg por colmena (entre una arroba y un cuarto de arroba, 6 libras), según el año y que las colmenas trashumen (temprano - medianil - tardío). Pasados 125 años, en la misma zona, con colmenas fijas,
la cosecha esperada era de 5,6 kg (media arroba).
No conozco datos para todo el estado hasta Alphandery (1907), que da para España y Portugal conjuntamente 1.550.000 colmenas y 18.000 Tn de miel. Si tenemos en cuenta que, aproximadamente, la relación del número de colmenas de España y Portugal se sitúa históricamente alrededor del 4:1, esas cantidades significarían para España, del orden de 1.200.000 colmenas y 14.400 Tn de miel, lo que hace una media de 11,6 kg por colmena (ya estamos otra vez en la arroba). Es evidente que, hasta esa fecha, hablamos mayoritariamente de colmenas fijistas, de panales fijos, ya que las movilistas (de panales enmarcados en madera y móviles) no se introdujeron aquí hasta 1880 (con colmenas Layens, más o menos simultáneamente en Barcelona, Maò y Galicia).
Estos datos no deben estar muy desencaminados, ya que el Ministerio de Agricultura da en 1935, cifras de 1.062.000 colmenas y 6.252 Tn de miel. De las colmenas, 78.000 son movilistas y 984.000 fijistas, y la diferencia de cosecha es apreciable: 14,1 kg por colmena para las movilistas y 5,2 kg por colmena para las fijistas.
Si continuamos observando los datos de la tabla 1, vemos que el descenso del número de colmenas apreciado entre esas dos fechas continuó. En 1939, el mismo Ministerio de Agricultura (MA), da 662.000 colmenas: de ellas 135.000 movilistas, y 527.000 fijistas. Gran parte de esta disminución de la cabaña apícola debió ser consecuencia de los estragos de nuestra guerra civil (1936-1939). Lo que sí es apreciable en estos datos es el cambio de colmenas fijistas a movilistas. La disminución es de colmenas fijistas, que bajan de forma clara a la mitad, mientras, las movilistas aumentaron al doble. O sea, que la pérdida de cabaña se ha de cargar exclusivamente a la cuenta de las colmenas fijistas. Este proceso continúa en los años siguientes, en parte debido a la pérdida de población rural propia de la época. Sin embargo se mantiene la producción total de miel, que entre 1950 y 1960 se fija en las 7.000 ± 500 Tn (Ministerio de Agricultura).



TABLA 1/ Evolución histórica de la explotación de colmenas en el estado español

Año


Número
de colmenas

Cosecha total
de miel (Tn)

Producción
Kg miel / colmena


Fuente
1744 ----- -----
11,5 - 2,8
trashumantes,
2-3 veces

Trías Glez (1762), ref. en Vicente L., Mª L. (1998)
1876 ----- -----
5,8 (media arroba) fijas

Ignacio Redondo
1907
aprox. 1.200.000 (Esp. y Port.: 1.550.000)


aprox. 14.400
(Esp. y Port.: 18.000)


11,6 (una arroba)

Alphandery
1935 1.062.000:
-movilistas: 78.000
-fijistas: 984.000
6.252
-fijistas: 5,2
-movilistas: 14,1
media: 5,9

Ministerio
de Agricultura
1939
662.000:
-movilistas: 135.000
-fijistas: 527.000

----- ----- Ministerio
de Agricultura
1961
728.100:
-movilistas: 321.800
-fijistas: 406.300

9.068 -movilistas: 20,6
-fijistas: 6
media: 12,5
Ministerio
de Agricultura
AEA
1971
512.200:
-movilistas: 341.700
-fijistas: 170.500

8.197 -movilistas: 20,0
-fijistas: 7,9
media: 15,7
Ministerio
de Agricultura
AEA
1980
797.000:
-movilistas: 565.000
-fijistas: 232.000

12.513 -movilistas: 18
-fijistas: 8
media: 16,0
Ministerio
de Agricultura
AEA
1982
1.035.000:
-movilistas: 804.000
-fijistas: 231.000

13.544 -movilistas: 15,1
-fijistas: 6
media: 13,1
Ministerio
de Agricultura
AEA
1984
1.182.000:
-movilistas: 952.000
-fijistas: 230.000

15.932 media: 13,5 Ministerio
de Agricultura
AEA
1986
1.354.000 - MAPA
1.556.000 - COPA

16.000
media: 11,8 (MAPA)
media: 10,3 (COPA)

MAPA, COPA-COGECA
1999 1.910.633
27.970
(año bajo, media
30.000 ± 2.000)

media: 14,6 Mesa Apícola MAPA
2000
2.238.064

31.064 media: 13,8 Eurostat
2002
2.314.494

31.000 media: 13,4 Eurostat

A principios de los 60 hay un aumento absoluto de la cabaña apícola, de alrededor del 10%. En realidad aumenta el número de colmenas movilistas, que se duplica nuevamente, mientras el de las fijistas sigue bajando. Este aumento trae consigo una mayor cosecha de miel ya que, en todo este decenio, las medias de las colmenas movilistas son muy altas, del orden de 20 ± 0,5 kg por colmena y año, mientras que las medias de las fijistas se quedan en unos 7 ± 0,5 kg colmena y año.
En este decenio, sin embargo, el número absoluto de colmenas vuelve a disminuir, en casi un 30%. Se desacelera la conversión de colmenas fijistas en movilistas. El número de movilistas ya no se duplica, como en la década anterior, sino que tiene el escueto aumento del 10%, ya citado. Para el mismo período las fijistas pierden un 60% de sus efectivos.
En la década de los 70 se invierte la tendencia y el número de colmenas aumenta, doblándose entre 1971 y 1981. Este aumento se debe nuevamente a la duplicación de las colmenas movilistas (341.700 en 1971, y 812.000 en 1981). En el mismo período las fijistas solo aumentan ligeramente, alrededor de un 15% (170.500 colmenas en 1971, y 201.000 en 1981). En este período tiene lugar la caída paulatina de la productividad de las colmenas movilistas, que pasan de los 20 kg de los años 60 a los 16 kg de 1980.
En los años 80 el número de colmenas aumenta a un ritno de alrededor del 20% cada dos años, a pesar de la epidemia de pollo escayolado (Ascosphaera apis) de principios de esa década y la entrada de Varroa (Varroa jacobsoni y Varroa destructor) en 1985, que mermó considerablemente la cabaña apícola en muchas zonas en el último lustro de esta época. La aparición de Varroa trajo consigo la desaparición casi total de las explotaciones de colmenas fijistas, que hoy día son anecdóticas, vestigiales. Por tanto, se puede decir que ha continuado la caída de productividad de las colmenas (a partir de ahora ya sólo movilistas), que se comenzó a apreciar a finales de los 70 y al inicio de los 80 y que alcanza su mínimo en 1986 con 11,8 kg / colmena (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, MAPA). Es más que probable que esta disminución de la producción sea debida a que una parte importante de las colmenas se dedicaron a reponer bajas (por pollo escayolado y por Varroa), en lugar de a producir miel.
En la última década, años 90, el ritno de aumento del número de colmenas se aceleró espectacularmente, duplicando, más o menos, el que llevaba en los 80 (se pasó de un aumento del 20% cada dos años a cerca del 40%). Hay un acelerón a partir de 1998, atribuible a las ayudas establecidas por el Plan Apícola Nacional con fondos de la Unión Europea el Estado español y las comunidades autónomas. En 1999 se ha llegado a 1.910.633 colmenas, según los datos consensuados (finalmente) por el MAPA y las organizaciones profesionales agrarias en la Mesa Apícola del MAPA.
En el 2000 el censo de explotaciones apícolas de la UE da, para el estado español 2.238.064 colmenas. Sin embargo, este proceso parece decelerarse últimamente, para el 2002 los datos son de 2.314.494 colmenas, es probable que se esté llegando a un punto de saturación del territorio o bien que los problemas de las explotaciones comiencen a desanimar a los nuevos apicultores.
También se está dando un cambio en los modelos de colmenas. El tradicional, la Layens de 12 cuadros, es una colmena muy caliente, capaz de aprovechar floraciones cortas, pero por lo mismo de fácil enjambrazón y de volumen reducido, lo que implica mayor costo de mano de obra de manejo; es además de fácil preparación para la trashumancia, más barata de compra y con más mercado de material de segunda mano (enjambres con cría...). Aunque sigue siendo mayoritaria en la zona Centro y Sur, comienza a ser sustituida en algunas explotaciones por las colmenas verticales (Langstroth y Dadant), cuya inversión inicial prácticamente triplica a la de la Layens, pero permite una mecanización de la explotación mucho mayor y un manejo con menos mano de obra (trashumancia, extracción de miel...).


Graf. 1/ Evolución del número de colmenas

Número de colmenas

Imagen

De la productividad

Paralelamente al proceso de aumento de colmenas ha habido otro inverso, de disminución de la productividad que se ha situado, lejos ya de los 20 kg /colmena de los años 60, en 14,5 kg / colmena en 1999 y en 13,8 kg /colmena en 2000.
Esta caída de la productividad ha tenido dos picos importantes: un escalón brusco en la segunda década de los 70, y otra, de disminución progresiva y más importante, entre el 82 y el 86.
La primera disminución de la productividad es atribuible al aumento brusco del número de colmenas. Por esas fechas se crearon muchas explotaciones nuevas, cuyos propietarios no tenían mucha experiencia, y a la vez las explotaciones se hicieron más extensivas, lo que aumentó enormemente los problemas sanitarios (principalmente nosemiasis –Nosema apis–, y acariasis –Acarapis woodi–), así como las bajas por manejo defectuoso (hambre...). Es evidente que no hubo influencia de factores meteorológicos, ya que, para el mismo período de tiempo, la productividad de las colmenas fijistas no disminuyó, se mantuvo constante.
La segunda es claramente debida a la necesidad de las explotaciones apícolas de dedicar una parte de sus esfuerzos a reponer las bajas por pollo escayolado los años 1982 y 1983; también los siguientes aunque con menos virulencia. En 1986, cuando parecía que este problema había quedado reducido a una dimensión abordable, apareció Varroa en colmenas de Alicante, que se expandió en los años siguientes de forma muy rápida a Andalucía, resto de la Comunidad Valenciana, Extremadura, las dos Castillas, etc.
Las dificultades iniciales de tratar contra este parásito llevaron a la desaparición de las colmenas fijistas, y causaron grandes bajas en los efectivos de muchas explotaciones, así como la desaparición de otras. Esto obligó, como se ha mencionado, a dedicar gran parte de los esfuerzos productivos a la reposición de bajas, lo que mantuvo el crecimiento del número de colmenas pero disminuyó su productividad.
La aparición de medidas de control de Varroa efectivas a finales de los 80 y principios de los 90, permitió elevar nuevamente la productividad de las colonias, pero ya no se recuperaron los niveles propios de 1960 a 1975. Es probable que esta situación se debiera a que las explotaciones entraron en una dinámica de aumento de efectivos, se hicieron más extensivas, para mantener un nivel de producción que les permitiera reponer bajas (algunas consideran normal hasta un 20%) y mantener un nivel de producción total. Lo que es innegable es que las medias actuales de producción por colmena son bajas, y que, a pesar de la recuperación experimentada, se sitúan a los niveles de 1935.
Estos aumentos han sido más patentes en unas zonas que en otras. Aquéllas con condiciones especialmente buenas para la apicultura y sin otros recursos se han volcado en ésta, resultando una distribución geográfica peculiar de las colmenas: más del 50% se concentran en un arco que abarca Salamanca (aprox. 8 %), Extremadura (14,1%), Andalucía (19,1 %), Murcia (3%), Comunidad Valenciana (15%) y Tarragona (aprox. 2%) . La inmensa mayoría de estas colmenas, casi todas las del Sur y la gran mayoría de las del Centro son del modelo Layens, un sólo cuerpo con 12 cuadros de 30x35 cm de cera ; sólo en el norte dominan las colmenas de alzas, Dadant o Langstroth.
Es frecuente que las colmenas se concentren en las zonas pobres donde no hay otros recursos económicos a explotar. Por ejemplo existe el núcleo de Fuenlabrada de los Montes (Badajoz), población de unos 2.000 habitantes con más de 100.000 colmenas y unos 300 apicultores dedicados a la cosecha de miel. También está el de Valero de la Sierra (Salamanca), población aun más pequeña pero con una dotación de colmenas y apicultores semejante, aunque centrada en la producción de polen. Y, aunque no tan importantes, existen otros muchos núcleos apícolas en España: Ayora,
El Perelló, Hornachuelos, Sª de Huelva...


Graf. 2/ Evolución de las produciones por colmena

Kg / colmena

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Las explotaciones apícolas

Podemos abordar el estudio de las explotaciones apícolas mediante una división clásica:
• Explotaciones de aficionados: las que mantienen unas pocas colmenas para autoconsumo y no interfieren en el mercado de la miel (salvo porque aprovisionan a los consumidores finales de en una área próxima muy reducida: familiares y vecinos).
• Explotaciones semiprofesionales: las que mantienen un cierto número de colmenas, suficientes como para que sus ingresos sean significativos en la economía familiar; también aprovisionan a los consumidores finales de en una área próxima muy reducida (familiares y vecinos), pero, de manera paralela, colocan ciertas cantidades de miel en el mercado. Según zonas, es decir, según el precio de la miel en su zona, este grupo lo integran explotaciones de entre 50 y 300 colmenas.
• Explotaciones profesionales: las que son la fuente principal, a veces única, de ingresos para sus propietarios. Según zonas tienen un mínimo de entre 300 y 1.200 colmenas. Para la recepción de ayudas de la UE entran en esta categoría las que tienen más de 150 colmenas.
En los años 30, según el censo de Ángel Sainz, teniente coronel de la Guardia Civil, realizado en 1931 (utilizando los efectivos “del cuerpo”, lo que provocó “alarma” en ocasiones), había unos 80.000 colmeneros. En 1987, según el Ministerio de Agricultura hay ya solo 27.000 colmeneros, un 20% de los cuales son profesionales (para la administración, los de más de 150 colmenas); según los datos del COPA-COGECA, para ese mismo año, la cifra es sólo de 20.000 colmeneros.
En 1997 los datos del censo (Mesa Apícola del MAPA) son de 25.645 explotaciones, siendo profesionales 4.548 (17,7%) de ellas, que tienen 1.237.231 colmenas del total de 1.910.633 censadas, es decir, el 64,8% de las colmenas.
En 2002 (Eurostat) tenemos 26.669 explotaciones, 4.000 de ellas profesionales (15%). La disminución del número de explotaciones profesionales registradas puede ser aparente, ya que a partir de 1998, en muchos casos, las colmenas de la misma unidad familiar se fragmentan en varios registros. La media europea de las explotaciones profesionales es de 3,1% , lo que nos coloca como el estado de la UE con mayor índice de profesionalidad en apicultura.
Se puede decir pues que, a lo largo de los siglos, ha habido un proceso de disminución del número de explotaciones. Un factor ha sido la desaparición de las explotaciones de colmenas rústicas y otro, la de las pequeñas explotaciones. Hace siglos era frecuente que muchas casas de campo mantuvieran pequeñas explotaciones de decenas de colmenas para autoconsumo. La disminución de la población rural (el 80% de una población total de 6.600.000 personas a finales del s. XVII), la sustitución de la miel por azúcar en el mercado (acelerada desde el s. XVII), el uso masivo de plaguicidas en el siglo XX, etc., han ido haciendo inviables esas pequeñas explotaciones.
También ha tenido parte en este proceso la exigencia de niveles técnicos cada vez más altos para mantener una lucha eficaz contra las enfermedades, sobre todo Varroa.

Los productos apícolas

La producción de miel ha aumentado según lo hacía el nivel técnico de los apicultores. Así, de las aproximadamente 6.000 Tn de 1935 con 1.000.000 de colmenas, se pasó a 9.500 ± 500 Tn en la década de los 60, con unas 650.000 ± 50.000 colmenas. En la década siguiente, los 70, hay un aumento hasta las 11.500 Tn, pero es achacable al aumento de colmenas, en realidad la producción por colmena disminuye, como ya se ha comentado, debido a la falta de experiencia de los nuevos apicultores.
Al final de esa década hay un cambio significativo: pasamos de ser un país exportador de miel a ser importador, debido a la propaganda masiva de la principal marca del mercado, que aumenta extraordinariamente el consumo interno.
Esta línea será la que se mantenga hasta la fecha: aumento del número de colmenas, disminución de la producción media por colmena, insuficiencia de la producción para cubrir las necesidades de nuestro mercado y, por tanto, saldo neto importador de miel.
El saldo medio de autoabastecimiento de miel en el estado español es de alrededor del 80%. Con una producción de unas 31.000 Tn necesitamos importar unas 6.000 Tn más. En realidad importamos más, entre 11.000 y 12.000 Tn según años. La diferencia es debida a que exportamos, a Centro Europa fundamentalmente, una parte de nuestra cosecha, generalmente de mieles monoflorales (la mitad de nuestra cosecha es de miel multifloral y de girasol, alrededor del 10% es de eucalipto, el 5% de cítricos, el 5% de romero y espliego, el 2% de brezo, y el 2% de mielatos.). Otras mieles que son también más valoradas, fuera y dentro de nuestro estado, son la de Denominación de Origen Protegida y las de producción biológica.
El 80 % de nuestras importaciones procedían de China y de Argentina, más del primer país, de mieles más baratas, que del segundo, aunque con cantidades fluctuantes según el año.
Actualmente la situación es un tanto insegura, en marzo de 2002 se cerró la importación de una serie de productos de origen animal procedentes de China, entre ellos la miel, por haberse encontrado deficiencias en los controles veterinarios de aquel país. Hasta que la UE no verifique que esa situación se ha corregido no habrá importación de miel china. Por otro lado la difícil situación económica que atraviesa Argentina hace difícil el cerrar operaciones comerciales con este país, por lo que hay un desabastecimiento del mercado internacional que puede decantarse hacia uno u otro país, o hacia algunos terceros, según evolucione la situación actual.
La Unión Europea es aún más deficitaria en miel que nosotros, su tasa de autoabastecimiento ronda el 50% y sus principales proveedores son los mismos países: China y Argentina.
La evolución del mercado es que la tasa de autoabastecimiento tiene una ligera tendencia a la baja, y el consumo una ligera tendencia de aumento (3 %)
Es de destacar el mercado español de polen, del que se producen entre 600.000 kg y un millón de kilos/año, la mayoría de los cuales se destinan al mercado de exportación.
El consumo nacional de miel se centra casi exclusivamente en la miel de mesa, para consumo directo. Los consumidores se proveen de miel principalmente en las grandes superficies (40% del mercado), que les ofrecen los mejores precios para una calidad estándar. Los pequeños comercios tradicionales cubren el 20% del mercado; la venta directa no sobrepasa el 15% y la de las cooperativas no más del 8%.
Existen más de 200 marcas de miel comercializadas en el país, aunque solamente 3 de ellas dominan el 80% del mercado. En éstas la miel es solamente una línea más de producción, y no la más importante.

Conclusiones

El número de colmenas ha aumentado de manera constante desde los 80, acelerándose extraordinariamente en los 90, por la aparición de ayudas económicas de las autonomías primero y de la administración central y de la Unión Europea posteriormente, debido a la existencia de grandes concentraciones de productores en zonas desfavorecidas y a las presiones realizadas por las organizaciones profesionales agrarias.
Este aumento de colmenas ha ido parejo con una disminución de la productividad por colmena, que, actualmente, se sitúa a los niveles de 1935. Las causas probables de esta situación son:
• saturación del territorio,
• explotaciones extensivas,
• poca tecnificación (alimentación, reinas...).
Las explotaciones apícolas han ido disminuyendo, de manera que las que tienen posibilidades de supervivencia son las que cuentan con suficientes efectivos como para ser consideradas profesionales, lo que permite una mayor especialización del apicultor y mejora su situación.
El mercado es deficitario en miel (el del estado y el de la UE), pero existe una presión de mieles importadas, a precios más baratos que mantienen un control del precio al productor. Únicamente produciendo mieles especiales (monoflorales, DOP, ecológicas...) se pueden obtener precios más altos.
Como conclusión final se puede decir que la apicultura tiene condiciones para que una explotación pueda ser más viable, y que esas condiciones son:
• número de colmenas atendibles en el territorio y con la mano de obra disponible,
• tecnificación de la explotación,
• producir lo que el mercado aceptará a mejor precio y con más seguridad.

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