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EFECTOS NOCIVOS DE SUSTANCIAS
DE USO COMÚN EN APICULTURA


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Espaciador Miguel A. Díez García
Médico, especialista en Medicina Familiar
y Comunitaria

José R. Luis-Yagüe Sánchez
Médico, especialista en Medicina Interna
y en Medicina
Preventiva y Salud Pública


En la vida diaria tenemos, de forma constante, contacto con diversos productos de utilidad diversa: alimentos, combustibles, productos de limpieza, plaguicidas, ..., necesarios para nuestro bienestar o para aumentar la producción de nuestra industria o nuestras empresas. Aún cuando en su elaboración y distribución se tiende a evitar que dichos productos supongan un riesgo para la salud o la vida de quienes los manejan o consumen, no siempre la seguridad es absoluta. A lo largo de este artículo repasaremos en qué forma una sustancia puede producir un daño al ser humano, las medidas generales para evitarlo y la actuación inmediata cuando se ha producido; posteriormente, haremos especial mención a los riesgos potenciales que presentan los productos que empleamos en el cuidado y limpieza de nuestros apiarios y la lucha contra las enfermedades que pueden afectarlos.


¿Cómo puede producir daños al cuerpo
humano una sustancia?

Como ya hemos visto en artículos anteriores, una de las formas en que podemos sufrir una agresión es por la acción directa de un compuesto químico sobre la piel o las mucosas: es el caso de las quemaduras que pueden producirnos los álcalis o los ácidos fuertes en la superficie del cuerpo o los ojos.
Una segunda forma de acción tiene más que ver con las características de la persona afectada que con el producto en sí: son las reacciones alérgicas, en las que el resultado puede ir desde una irritación de la piel, los ojos o las vías respiratorias, a urticarias generalizadas o incluso reacciones generales en las que se compromete el aparato circulatorio o respiratorio, y que pueden llevar incluso a la muerte. En este caso, la sustancia involucrada carece de peligro en general, excepto para quien es alérgico a ella, y es conveniente que, ante su sospecha se consulte con un especialista y, sobre todo, se evite el contacto.
La intoxicación sería la tercera posibilidad de daño por sustancias. Un tóxico es, para la Real Academia de la Lengua Española, un veneno, y como tal actúa en el cuerpo humano. Las vías por las que un producto químico puede penetrar en el cuerpo humano son muy variadas, y a veces no son tenidas en cuenta por quien tiene contacto con él, lo que aumenta el riesgo:
• Un tóxico puede, evidentemente, ser ingerido. Su capacidad de causar daño dependerá de sus características físico-químicas y de las condiciones previas del tubo digestivo (así, por ejemplo, suele retrasarse la absorción del producto cuando el estómago está lleno, lo cual provoca su dilución). A veces, el daño sólo es local, por contacto con las paredes del tubo digestivo, como es el caso de los cáusticos (lejías, sosa, ácidos,...) que producen quemaduras y ulceraciones en su camino por el esófago y el estómago; otras veces, la acción tóxica se desarrolla una vez que la sustancia es absorbida y llega a los órganos a afectar (normalmente, en el aparato circulatorio, o el sistema nervioso).
• La inhalación de sustancias es otra vía para la intoxicación, y el paso al aparato respiratorio de las mismas puede tener un efecto local de irritación (lo cual produce desde accesos de tos a ataques de asma e incluso fallo respiratorio y muerte), o bien puede absorberse en los pulmones y pasar a la sangre y a los órganos a dañar.
• Por último, una sustancia puede pasar a la sangre y provocar una intoxicación a través de la piel. Las condiciones de la absorción hacen que ésta sea más o menos rápida y cuantiosa: en general es más fácil cuando existen pequeñas erosiones que disminuyen la línea de defensa cutánea, o cuando el calor ha hecho que la piel esté enrojecida (porque los vasos sanguíneos han aumentado su calibre y por ello hay más circulación y más capacidad de vehicular el tóxico).
Una intoxicación se puede manifestar de dos formas fundamentalmente: aguda, cuando existe una diferencia de tiempo escasa (minutos, horas) entre la exposición al tóxico y los efectos; y crónica, cuando el paso del tóxico al organismo se va produciendo de forma reiterada a lo largo del tiempo, sin dar síntomas ni generar motivos de alarma hasta pasado un largo período (normalmente años).
Por último, debemos hacer mención a la capacidad que tienen algunas sustancias habitualmente inocuas o de muy baja toxicidad de producir daños en los embriones o fetos de mujeres gestantes, llegando a producir abortos o defectos congénitos. Dicha acción se conoce con el nombre de “teratogenia”, y hace especialmente recomendable evitar el contacto de las embarazadas con cualquier sustancia que pueda resultar nociva o sospechosa.

¿Cuál debe ser la conducta en general ante una sospecha de intoxicación?

Ante la más mínima duda de contacto con un tóxico por cualquier vía (digestiva, respiratoria, cutánea) es fundamental solicitar ayuda. Por supuesto, si los síntomas revisten gravedad, se debe avisar urgentemente a los servicios médicos, indicando el producto que puede haber causado la intoxicación, en el caso de que se sospeche de alguno, y los síntomas que presenta el paciente. Cuando inicialmente no se aprecien serios daños, lo indicado será contactar con el Servicio Nacional de Toxicología, que dispone de un excelente servicio permanente de atención y que nos informará del posible riesgo y las medidas a tomar hasta recibir atención facultativa. Nuevamente debemos hacer mención de la importancia del teléfono como medio de atención a las urgencias. El número de consulta del mencionado organismo es el 915620420, y debiera guardarse en la memoria del teléfono, o en la agenda de direcciones importantes; en caso de necesidad, se encontrará también ese número de consulta impreso en el envase de cualquier producto de limpieza o plaguicida. Para facilitar el contacto y la información, deberá tenerse presente el nombre comercial del producto implicado, y todos los datos disponibles sobre la forma de contacto (si se sospecha que ha sido bebido o inhalado, en qué cantidad estimada, a qué hora, en qué situación se encuentra el afectado,...).
Si la posible intoxicación se ha producido por ingestión, conviene intentar diluir el producto ingerido, haciendo que el afectado beba agua en cantidad. La toma de leche, salvo que se indique su conveniencia según la sustancia ingerida, debe evitarse: algunos productos se absorben con más facilidad junto a los lácteos. Puede intentarse provocar el vómito introduciendo los dedos en la boca del accidentado, e incluso llegando a tocar la “campanilla” en el interior de la garganta, pero esto sólo debe hacerse cuando se tiene la seguridad de no causar más daños: productos como los cáusticos pueden provocar nuevas quemaduras en su trayecto “de salida” a lo largo del esófago, en tanto que los hidrocarburos al ser vomitados pueden pasar en pequeñas cantidades a las vías respiratorias, pudiendo provocar bronquitis e incluso neumonías.
Si el accidentado está total o parcialmente inconsciente debe evitarse en todos los casos cualquier medida que favorezca la deglución de sus vómitos, colocándole en la denominada “posición de seguridad”: tumbado de lado y apoyado sobre el lado derecho del cuerpo.
En todos los casos, pero con más razón cuando la intoxicación se ha producido por inhalación, conviene trasladar al afectado a una zona aireada, evitando los obstáculos que le dificulten la respiración (ropas apretadas, aglomeraciones de gente a su alrededor,...).
Cuando se ha producido contacto de la piel con el tóxico, bien por salpicadura o por inmersión, deben retirarse todos los objetos próximos a la zona afectada como ropas, relojes o adornos, y lavar abundantemente con agua, de forma reiterada durante media hora. Si la sustancia tóxica es de naturaleza grasa, ayudará a la limpieza el enjabonado. Conviene que el agua empleada esté ligeramente fría, para evitar que la dilatación de los vasos que produce el calor aumente la absorción. Igualmente, debe evitarse el agua a presión o el frotado excesivo, que también aumentarían el paso del tóxico al organismo.
Los ojos afectados deben ser lavados abundantemente con agua o suero fisiológico durante quince minutos, retirando las lentillas si fuera preciso. Conviene separar los párpados del globo ocular durante el lavado, para acceder a las zonas más cubiertas del ojo.
Una vez garantizados estos cuidados generales, debe realizarse consulta con los servicios médicos, que evaluarán la situación y establecerán las medidas adecuadas. Aún cuando la situación aparente escasa o nula gravedad conviene la consulta, pues en algunos casos los efectos nocivos pueden manifestarse horas después del contacto con el tóxico.

¿Qué medidas conviene tener en cuenta para prevenir la intoxicación?

Por lo sencillas y aparentemente fáciles de seguir, estas medidas deberían ser la norma en toda actuación con tóxicos, pero precisamente por su sencillez son las que más olvidamos. No podemos dejar que la fuerza de la costumbre y la falsa seguridad del “nunca pasa nada” favorezcan negligencias que después debamos lamentar.
En primer lugar, y siempre que sea posible, debemos procurar manejar las sustancias potencialmente peligrosas en espacios bien ventilados, o al aire libre, para evitar la inhalación de vapores o polvo. Emplear gafas y mascarilla para proteger los ojos, la boca y nariz de partículas en suspensión.
Debe evitarse en todo caso fumar, comer o beber durante el manejo de productos potencialmente peligrosos, pues se podría favorecer la deglución involuntaria de los mismos.
Emplear guantes de goma o látex para el manejo de productos químicos, y lavarlos abundantemente después del uso. Igualmente, usar ropa de trabajo adecuada y lavarla después de su empleo.

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La ducha después del trabajo no sólo es una medida higiénica o relajante, sino que supone una defensa importante de posibles intoxicaciones por contacto.
Debemos tener en cuenta que un porcentaje muy elevado de intoxicaciones con plaguicidas o productos de limpieza tienen un origen suicida; por ello, se debe evitar el que personas con trastornos psicológicos o psiquiátricos accedan a ellos.
Los niños, por su curiosidad natural, experimentan una especial atracción por los envases y paquetes novedosos para ellos. Debe tenerse una precaución extrema para almacenar los tóxicos lejos de su alcance, evitar trasvasarlos a envases que habitualmente se empleen para usos alimentarios (por ejemplo, guardar un insecticida en una botella de refresco) y estar siempre vigilantes cuando nos acompañen en las zonas de trabajo.
Por último, otro grupo de personas en situación de riesgo son las embarazadas, que deben evitar siempre que sea posible la proximidad de sustancias tóxicas por sus posibles efectos sobre el feto.

Intoxicaciones posibles en el apiario

Por principio debemos afirmar que la mayoría de los productos que utilizamos en el apiario, a las dosis habituales, no tienen una especial toxicidad o riesgo, excepto los ácidos “fuertes” (ácido acético glacial, fórmico) los álcalis (sosa cáustica o hidróxido de sodio), los productos inflamables (nitrato de amonio).
En otros casos la principal toxicidad es por acumulación en el organismos, como puede ocurrir con el paradiclorobenceno (antipolillas) que a largo plazo puede producir lesiones en la medula ósea.
La exposición reiterada y sin protección adecuada al dibromuro de étilo, a los hidrocarbonados y a los benzoles puede relacionarse con la aparición de ciertos tipos de cáncer.
De igual forma los productos organofosforados, como el Perizin®, pueden causar toxicidad e incluso lesiones en el sistema nervioso central. Por todo ello debe insistirse en la necesidad de usar los productos con las condiciones de seguridad que ya se han señalado.
A la hora de sistematizar la posible toxicidad de las sustancias que se emplean en el tratamiento y limpieza de nuestras colmenas hemos optado por un orden que se nos antoja el más sencillo para facilitar la consulta: en el cuadro 1 se relacionan algunas enfermedades de las abejas y los productos que utilizamos con mayor frecuencia, que describimos a continuación de forma individualizada.

Estreptomicina

Se trata de un antibiótico soluble en agua, que no se absorbe en el tracto digestivo humano: por ello, su uso para el tratamiento de enfermedades de las abejas es bastante seguro para el hombre. Ingerido en cantidades significativas puede provocar náuseas, vómitos o diarrea que raramente resultan importantes. Consumido de forma prolongada por vía oral (lo que es rarísimo salvo intentos voluntarios de intoxicación o en enfermos mentales) puede provocar trastornos de la absorción intestinal.

Oxitetraciclina

Antibiótico muy soluble en agua, con buena absorción en el tubo digestivo humano: aproximadamente el 60% de lo ingerido pasa al torrente sanguíneo, teniendo el máximo de efecto a las 2-4 horas de la ingestión. La cantidad absorbida se reduce de forma importante (hasta la mitad) cuando se ingiere junto con alimentos o leche. Entre sus efectos nocivos destacan la irritación de garganta, náuseas y vómitos, ardor o dolor de estómago, diarreas, pancreatitis y posible afectación hepática. En algunos casos puede provocar o agravar una insuficiencia renal. Otros efectos a tener en cuenta sólo aparecen en personas alérgicas al producto: asma, urticaria, edema.

Neomicina

También muy soluble en agua, tiene muy poca absorción digestiva (menos del 3% de la cantidad ingerida). Al igual que la estreptomicina, su ingesta en cantidad importante puede provocar náuseas, vómitos o diarrea. Su contacto con la piel, en algunos casos, puede provocar dermatitis.

Cloranfenicol

Sustancia de elevada solubilidad en agua, con muy rápida absorción por vía oral. Su uso en humanos ha sido fuertemente restringido por el riesgo de producir anomalías graves en la médula ósea (alteraciones importantes en la producción de glóbulos rojos, leucocitos y/o plaquetas); dichas alteraciones se producían por lo general en personas predispuestas. También se han descrito efectos tóxicos sobre el sistema nervioso, y reacciones de hipersensibilidad que van desde el simple picor y urticaria hasta la reacción alérgica grave.
En uso oral también en algunos casos se han producido molestias digestivas, como náuseas, vómitos, diarrea, inflamación de la lengua y prurito anal.

Sulfatiazol

Es una sustancia del grupo de las sulfamidas, las cuales son insolubles en agua, a excepción de las sales sódicas. Cuando es ingerida por humanos se absorbe en elevada proporción (70 al 90%); se ha observado que si se toma junto con alimentos no se disminuye la cantidad absorbida, aunque sí se retrasa el paso del medicamento a sangre. A través de la piel, en especial si está dañada, puede absorberse, favoreciendo la sensibilización a la sustancia y la posterior aparición de reacciones alérgicas.
En personas predispuestas, o tras ingerir elevadas cantidades, los efectos tóxicos pueden afectar a casi cualquier órgano:
• Puede producir reacciones dermatológicas: enrojecimiento, prurito, urticaria y. diversas formas de dermatitis. También puede desencadenar fenómenos de fotosensibilidad (aparición de lesiones en la piel al exponerla a los rayos ultravioleta de la luz solar).
• Puede producir daños hepáticos, desde la simple ictericia hasta lesiones destructivas del hígado.
• En tubo digestivo puede aparecer náusea, vómito, dolor abdominal, inapetencia, inflamación de lengua o encías, pancreatitis, gastroenteritis, diarrea e incluso hemorragia digestiva.
• Los riñones pueden dañarse, produciéndose cálculos, pérdida de sangre o proteínas en la orina, y diversos grados de insuficiencia renal.
• Se puede alterar la médula ósea, con producción disminuida o alterada de cada una de las células de la sangre y las consiguientes manifestaciones de anemia, trastornos de la coagulación y/o agranulocitosis.
• También pueden producirse daños en el sistema nervioso, manifestándose como dolor de cabeza, mareo, vértigo, irritación de los nervios periféricos, depresión, alucinaciones, desorientación, confusión, convulsiones, problemas de audición, ansiedad, apatía o brotes de psicosis aguda.

Fumagilina

Es un agente antiparasitario, no soluble en agua en condiciones normales. Se dispone de poca información sobre su toxicidad en humanos, aunque no se conocen casos de intoxicación por vía cutánea o por las mucosas oculares. Por vía oral puede producir vértigo o inestabilidad, a veces alteraciones cutáneas en forma de dermatitis y manifestaciones digestivas (inapetencia, náusea, vómito o diarrea). Cuando se ha usado en personas con trastornos inmunes se han descrito casos de disminución de algunas células de la sangre (plaquetas y/o neutrófilos).

Derivados mercuriales

Se encuentran en desuso por su riesgo como contaminantes ambientales. Son sustancias muy volátiles, lo que facilita la aspiración, sobre todo si se usan en locales cerrados o poco ventilados. Los síntomas de la intoxicación aguda por mercuriales pueden consistir en fiebre, aumento de adenopatías (“ganglios”), urticaria y hasta aumento del tamaño del hígado y bazo.

Salicitato de metilo

Los salicilatos son sustancias medicamentosas que habitualmente se usan por vía oral para el tratamiento de la fiebre, el dolor y la inflamación. Cuando se emplean en humanos suelen presentar sobre todo efectos digestivos (náuseas, vómito, irritación e incluso úlceras en esófago o estómago) o sobre la capacidad de coagulación de la sangre, que disminuye. A dosis muy elevadas (que suelen alcanzarse en intentos de suicidio) pueden, además, producir efectos sobre el sistema nervioso: disminución de la capacidad auditiva, vértigo, agitación mental, alucinaciones, delirios o torpeza mental, pudiendo llegar a la muerte.
El salicilato de metilo es muy volátil, por lo que la posibilidad de intoxicación es fundamentalmente por aspiración; no obstante es difícil por esa vía alcanzar dosis lo suficientemente elevadas para producir efectos nocivos, fuera de la posible irritación de las vías respiratorias.

Líquido de Frow

Esta sustancia, combinación de hidrocarburos, es volátil y tiene una gran capacidad de difusión y dilución de sustancias grasas. Ambas características hacen que sea altamente tóxica por cualquier vía, aunque las más habituales sean la inhalatoria y por contacto con la piel. Cuando además se ingiere alcohol pueden potenciarse los efectos nocivos.
Puede producirse, tras la exposición continuada en dosis que no llegan a producir síntomas agudos, una intoxicación crónica con afectación del sistema nervioso y/o el hígado. En intoxicación aguda, los síntomas son muy variados:
• Irritación de la piel, los ojos y la boca.
• Tos, dificultad respiratoria, cianosis (amoratamiento de la piel por escasez de oxígeno y exceso de anhídrido carbónico).
• Dolor en el tórax, taquicardia, arritmias.
• Dolor de cabeza, excitación, confusión, hasta llegar al coma.
• Náuseas y vómitos.
La peligrosidad de la sustancia hace que con ella debamos extremar las precauciones habituales de manejo, y que ante la sospecha de afectación iniciemos a la mayor brevedad las maniobras descritas para la atención al intoxicado (ventilación, retirada de ropas y objetos contaminados, lavado abundante y vigilancia del estado de conciencia, colocándole en posición de seguridad si quedara inconsciente). Recordemos que, en caso de que sospechemos que ha ingerido el tóxico, no debemos intentar provocar el vómito por riesgo de producir irritación añadida en las vías respiratorias.

Mentol

Es una sustancia altamente volátil, de escasa toxicidad. Puede provocar irritación en vías respiratorias, que se resolverá simplemente respirando en zona ventilada, alejada de la sustancia.

Cartones azufrados

Conocidas también como tiras de azufre o pajuelas.
Su combustión genera vapores de desagradable olor, lo que hace difícil la exposición mantenida a los mismos. Puede tener un efecto irritante sobre vías respiratorias.
Debemos tener en cuenta un riesgo no directamente tóxico que se puede presentar con el uso de éstas sustancias: el desprendimiento de anhídrido sulfuroso y anhídrido sulfúrico que se produce puede reaccionar con la humedad ambiental, si ésta es elevada, dando origen a pequeñas cantidades de ácido sulfúrico en suspensión en el ambiente, que pueden causar quemaduras en la piel e incluso en las vías respiratorias.

Bromopropilado
(Folbex Va)

Se trata de un producto cuya toxicidad se considera baja o moderada. No existen datos publicados sobre riesgo tóxico en humanos. Ante la posibilidad de una ingesta excesiva (accidental o con intención suicida) se deben seguir las normas generales ya comentadas; pudiendo en este caso provocarse el vómito si la toma se produjo en un tiempo inferior a una hora.

Amitraz

No se conocen casos de toxicidad debida al contacto dérmico con este producto. Solamente se ha descrito un caso en el mundo de intoxicación por vía oral, y se produjo con dosis muy elevadas tomadas con intención suicida.
Los posibles síntomas de intoxicación por amitraz se relacionan con la depresión de las funciones del sistema nervioso (somnolencia, inconsciencia, coma), enlentecimiento del ritmo cardiaco, contracción pupilar, elevación de la glucosa en sangre, caída de la presión sanguínea y vómitos. La elevación de la presión es muy rara, pero puede producirse.En algunos casos, los síntomas que pueden presentarse al contacto con amitraz se deben al solvente empleado (xileno), más que al producto en sí: puede aparecer irritación de ojos o piel, alteraciones cardíacas o depresión del sistema nervioso.
El tratamiento propuesto para el posible intoxicado es el general, evitando en este caso la inducción del vómito.

Ácido fórmico

Se trata de un ácido orgánico fuerte, parecido en propiedades al ácido acético, pero más cáustico. Sus efectos corrosivos pueden llegar a ser severos, pudiendo afectar por contacto ojos, piel y mucosas.
La ingesta de dosis elevadas (50 gramos o más) puede producir salivación excesiva, quemazón en boca y garganta, vómitos con restos de sangre, debidos a erosiones digestivas, diarrea y dolor abdominal severo. Puede llegar a producir colapso circulatorio, fallo renal y muerte.
La exposición ocupacional suele provocar náuseas, y en ocasiones aparición de sangre o proteínas en orina. A veces, tras contactos reiterados, llega a producir sensibilización, con aparición de dermatitis de contacto e incluso de ataques de asma.
Una vez producida la intoxicación, y si no hay compromiso respiratorio, conviene administrar cantidad de agua o leche, para diluir el ácido; no se debe provocar el vómito.
El resto de las medidas a tomar son de índole general (respirar en sitio ventilado, lavado de piel y ojos,...).

Formiatos

Sales del ácido fórmico que tienen toxicidad menos acusada. Pueden llegar a producir alteraciones renales (aparición de albúmina o sangre en orina), depresión circulatoria y alteraciones de la hemoglobina de la sangre.

Timol

El aceite esencial de tomillo es un monofenol, de baja toxicidad. En medicina se ha venido utilizado como antiséptico, y en forma de gargarismos e inhalaciones. Su contacto prolongado con la piel puede dar lugar a irritaciones y pequeñas quemaduras. Se recomienda su manejo con guantes de protección. En caso de contacto prolongado con piel lavar abundantemente con agua y jabón. En caso de ingestión accidental, beber abundantes líquidos.

Anhídrido sulfuroso

Ver lo descrito en el apartado referente a “Cartones Azufrados”.

Sulfuro de carbono

Es una sustancia con capacidad tóxica por todas las vías, aunque usualmente lo es por inhalación.
En la piel puede aparecer quemazón, enrojecimiento, vesículas, y posibles quemaduras de 2º y 3º grado. Sin embargo, sus efectos más importantes tienen como diana principal el sistema nervioso:
• Tras una exposición leve aparecen mareo y dolor de cabeza.
• La exposición moderada se manifiesta como nerviosismo y fatiga.
• En los contactos severos aparece sensación de borrachera, inconsciencia, polineuritis, temblores, dolor de cabeza, psicosis y alteraciones digestivas. Puede asociarse fallo respiratorio.
• La intoxicación extrema se manifiesta con síntomas similares a la Enfermedad de Parkinson: trastornos del habla, rigidez muscular, temblor, pérdida de memoria, depresión mental y psicosis.
• Las exposiciones prolongadas al tóxico acaban generando nerviosismo, irritabilidad, indigestión, pesadillas, fatiga, inapetencia y dolor de cabeza.
Cuando el contacto es crónico, los efectos son menos llamativos, pero no menos graves, apareciendo lesiones circulatorias, hepáticas, gastrointestinales, mentales, sensoriales y en el sistema nervioso central.
El tratamiento inicial de la intoxicación aguda es el habitual, ya descrito. No debe intentarse provocar el vómito.

Dibromuro de etilo

Puede generar toxicidad por vía oral e inhalatoria. En general, los efectos suelen ser digestivos (náuseas, vómitos), aunque pueden aparecer síntomas de afectación del sistema nervioso o la actividad mental: dolor de cabeza, debilidad, inquietud o apatía, flacidez, temblores, disminución de la conciencia que puede llegar al coma, inestabilidad emocional, delirios o alucinaciones,... En algunos casos se han producido pequeños habones o vesículas en piel.

Paradiclorbenceno

Por su forma de presentación, que lo hace llamativo para los niños, es notablemente peligroso. Es tóxico para ellos al ingerirlo, no obstante, cabe la posibilidad de intoxicación también por vía inhalatoria.
Inicialmente, los síntomas son digestivos (vómitos, diarrea, ardor de estómago y garganta, sensación de sed intensa) y se acompañan de un estado de embriaguez con sudoración, taquicardia y respiración acelerada al que progresivamente se añaden agitación, convulsiones, alteraciones visuales y coma.
El uso prolongado sin los medios de protección puede dar lugar a absorción a través de la piel, que a largo plazo puede producir aplasia de médula ósea.

Ácido acético

Es poco agresivo cuando está diluido, aunque concentrado actúa como un ácido fuerte.
Por contacto, puede producir quemaduras cutáneas; también puede causar irritación ocular y hasta erosiones en la córnea. Si es inhalado, sus efectos van desde la sensación de dificultad respiratoria hasta el dolor del pecho, bronquitis de tipo asmático e insuficiencia respiratoria. Cuando se ingiere, provoca quemaduras en boca y esófago, pudiendo llegar a ulcerar el estómago.
Las medidas a tomar ante la agresión por ácido acético son las habituales. Cuando se ha producido la intoxicación por vía oral es muy importante hacer beber cantidad de agua o leche, para diluir la acidez, y no provocar el vómito bajo ningún concepto.

Nicotina

En nuestra actividad, el contacto con la nicotina es por inhalación del humo del tabaco, y generalmente las dosis que podemos inhalar son muy bajas. Además, la toxicidad sería mayor para las personas no fumadoras, que tienen un menor umbral de tolerancia a los efectos de dicha sustancia.
Los efectos de la nicotina son, inicialmente, estimulantes del sistema nervioso, pasando luego a ser depresores. Puede haber náuseas y vómitos, vértigo, sudoración y dolor de cabeza.

Sosa cáustica (hidróxido de sodio)

Es una sustancia fuertemente alcalina, que puede provocar importantes quemaduras en boca, esófago y estómago, que llegan a ulcerarse y perforarse. Los daños son menores cuanto más diluida está la sustancia. Además de los problemas digestivos, puede producir pulso débil y rápido, y respiración acelerada.
Se deben tomar las mismas medidas ante la intoxicación que con los ácidos.

Formol

Puede ser tóxico por ingesta, o por inhalación, o contacto. Cuando se inhala, aparecerá tos y dificultad respiratoria por una reacción de tipo asmático. Ingerido, provoca quemazón en boca y tubo digestivo, con vómitos sanguinolentos; luego pueden aparecer excitación y convulsiones, seguidos de depresión y colapso; puede provocar daños en el hígado y los riñones. El contacto con la piel o las mucosas provoca enrojecimiento, urticaria, descamación e incluso dermatitis de contacto.
Cuando se ha producido ingestión de formol, debe intentarse administrar agua o leche, para provocar su dilución, e incluso forzar el vómito, si la ingesta se ha producido hace menos de media hora.

Amonio cuaternario

Es poco tóxico a concentraciones bajas, pero cuando se ingiere concentrado puede ocasionar corrosiones en boca, faringe y esófago, con vómitos y diarrea.
Puede causar lesiones en la piel, edema pulmonar, hipotensión y depresión del sistema nervioso. Los ojos pueden dañarse, llegando a ocasionarse daño corneal.
Si se ha producido la ingesta de esta sustancia no debe provocarse el vómito, y sí debe intentarse diluir al máximo lo ingerido, tomando leche o agua. Debe, por supuesto, colocarse al intoxicado en sitio ventilado, y lavarle ojos y piel abundantemente si el contacto ha sido cutáneo.

Nitrato de amonio

Es un tóxico moderado. En caso de contacto con la piel o mucosas produce irritación e incluso quemaduras. En este caso lavar abundantemente con agua y acudir al médico.
El producto es muy inflamable, por lo que hay peligro de fuego en contacto con materias combustibles. Si se ha producido ingesta, debe, al igual que describíamos en el caso anterior intentarse diluir al máximo lo ingerido, tomando leche o agua.

ENFERMEDAD /
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Estreptomicina
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Neomicina
Cloranfenicol
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Sulfatiazol sodico
Oxitetraciclina
Septicemia
Sulfatiazol sodico
Nosemosis

Fumagilina
Derivados mercuriales
Amebosis
Fumagilina
Acarapisosis




Salicilato de metilo
Liquido de Frow (nitrobenzol,
bencina, safrol)
Cartones azufrados
Folbex Va ® (bromopropilato)
Varroosis








Amitraz
Folbex Va ® (bromopropilato)
Acido fórmico
Formiato de Metilo
Apistan ® (fluvalinato)
Perizin ® (coumafos)
Apitol ® (hidrocloruro
metil tiazolina)
Timol
Gallerosis (polilla)







Sulfuro de carbono
Anhidrido Sulfuroso (obtenido
por combustion de azufre
en tiras o cartones)
Dibromuro de etilo
Paradiclorobenceno
Acido Acético Glacial
Braulosis Vapores de nicotina
Desinfección
material apícola

Sosa cáustica
Formol
Amonio cuaternario
Anestésico Nitrato de amonio

Flecha

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