Colombia: Una casa para abejas en pleno centro de Bogotá

El apiario fue construido con la ayuda de la Facultad de Ciencias de la U. Jorge Tadeo. / Alejandra Zapata / Utadeo

La tercera parte de los alimentos que consumimos a diario han sido polinizados por abejas, razón por la cual son consideradas la especie animal más importante para los seres humanos. De acuerdo con la evidencia científica disponible, su desaparición podría incluso desencadenar la extinción de los seres humanos, pues de ellas dependen, indirectamente, actividades como la agricultura y la ganadería.

Según explicó el ingeniero de alimentos Gino Cala, “las abejas, aparte de prestar el servicio de polinización, también dispersan semillas. Cuando dispersan semillas es cuando uno puede ver toda la cadena, el pasto crece, las vacas se alimentan del pasto para llegar a producir leche y a partir de allí se producen los derivados lácteos para el consumo humano”.

El problema es que informes del ICA del 2017 indican que el 30 por ciento de las abejas en Colombia han muerto en los últimos tres años, en su mayoría a causa del uso de plaguicidas en los cultivos. En octubre de 2017, el Colectivo Abejas Vivas, que reúne a más de 77 apicultores del país, identificó 15.677 colmenas envenenadas por agrotóxicos de las 46.186 que tienen reportadas en Colombia. Es decir, el 34 % de sus colmenas habrían colapsado como consecuencia del uso de herbicidas. A esto se suman otras amenazas, como el cambio climático y la pérdida de especies florales, producto de monocultivos y pérdida de ecosistemas nativos.

Consciente de este problema, Cala, fundó el emprendimiento ecosistémico Apisgreen. Su objetivo: traer las abejas del campo a la ciudad, a través de una iniciativa innovadora de apiarios periurbanos.

Contrario a lo que dictaría el sentido común, las ciudades se han ido convirtiendo en hábitats relativamente amigables con estos insectos. El hecho de que en zonas urbanas no se fumigue con la intensidad y frecuencia de las zonas rurales, atrae a las abejas al contexto citadino.

Fue así como a mediados de 2017, Cala y su equipo de Apisgreen instalaron el primer apiario periurbano de Bogotá. El lugar elegido: las terrazas de la Universidad Javeriana, por su evidente cercanía con los cerros orientales. Ese mismo año se sumaron las universidades EAN y Nacional, sede Bogotá. Sin embargo, estos primeros apiarios eran relativamente pequeños. Por ejemplo, el de la EAN tiene capacidad para albergar a 150.000 insectos.

El proyecto consiste en instalar una vivienda para abejas de la especie Apis melifera, la más expandida en la Tierra. Cala explica que son tres los rasgos genéticos que permitieron a la Apis melifera adaptarse al entorno urbano: el productivo, el higiénico y el de mansedumbre.

El proyecto no solo preservaría una especie clave para los seres humanos, sino que ayudaría a garantizar la seguridad alimentaria tanto de forma directa como indirecta, pues gracias a los apiarios, Apisgreen obtiene miel, polen y otros productos de los 18 que fabrican las abejas en sus colmenas.

Aprovechando la ubicación estratégica de la Universidad Jorge Tadeo, cerca de los cerros orientales y de parques como el Bicentenario, Independencia y Renacimiento, Cala y su equipo decidieron instalar un apiario en la terraza del edificio administrativo de la Universidad de la que es egresado.

Este edificio fue elegido no solo por la cubierta gris que atrae a las abejas, sino por su cercanía con los cerros orientales que, de acuerdo con el biólogo, permite a las abejas acceder a fuentes hídricas, fundamentales para su producción.

Apoyados por el laboratorio de arte y ciencia de la Universidad (Tadeo Lab) y el profesor Germán Benavides, se planteó una alternativa a la estructura del encerramiento del apiario, aprovechando las ventajas de la guadua a nivel estético, flexibilidad al viento y resistencia, siendo esta la primera estructura de su tipo en ser fabricada en Bogotá.

Otro punto que hace a este apiario distinto a los que Apisgreen instaló en 2017, es que este es el proyecto de más grande envergadura: el espacio, de aproximadamente siete metros de ancho por cuatro metros de alto, albergará durante dos años a cerca de medio millón de abejas, distribuidas en diez colmenas, aunque inicialmente solo se instalarán cinco.

Tiene una ventaja adicional: cuenta con los últimos avances tecnológicos en materia de monitoreo de la actividad de estos insectos, a través de la incorporación de sensores que miden la temperatura y la humedad, así como una cámara que envía información en tiempo real a cualquier dispositivo móvil, usando una dirección IP conectada mediante internet de las cosas (IoT). Así, los científicos pueden seguir en tiempo real a las abejas que entran y salen del apiario y entender mejor sus dinámicas.

Se estima que, durante el primer año, cada colmena producirá cerca de 22 kilos de miel, dependiendo de las condiciones climáticas y el manejo del apiario. Sin embargo, como resalta Cala, el polen es el principal producto de estas colmenas urbanas, pues en cada una de ellas se puede llegar a obtener semanalmente un kilo.

Este “superalimento”, como se le denomina al polen, es una importante fuente de nutrientes, incluso por encima de las carnes rojas, pero a diferencia de esta última, cuenta con vitaminas como B1 y B2, y con propiedades medicinales que controlan los niveles de glucosa en la sangre y fortalecen el sistema inmunológico.

La idea es que Apisgreen, en conjunto con la Facultad de Ciencias Naturales e Ingenierías de la Tadeo, desarrolle cápsulas de polen para el consumo humano, siendo este un avance importante en términos alimentarios y medicinales.

“Nuestra misión es darles valor agregado a los productos apícolas, entre ellos la miel y el polen, para transformarlos en pro de la industria apícola. Con la ayuda de los investigadores de la Universidad podemos llegar a brindar esos productos innovadores”, puntualiza Cala, quien agrega que es importante revitalizar la apicultura como renglón de la industria agrícola en el país.

Adicionalmente, se busca que la estructura en guadua pueda ser replicada en otros apiarios de la región, entre ellos el Centro de Biosistemas Alberto Lozano Simonelli de la Universidad Jorge Tadeo en Chía, donde además se ofrecerán cursos de apicultura y una vitrina apícola.

La meta de Cala es que así como los ciudadanos tienen huertas caseras, a futuro instalen apiarios para la producción casera de miel y polen, una idea que ya se ha explorado en ciudades como Nueva York, Copenhague y París, y que tiene como objetivo principal la preservación de estos animales en entornos urbanos.

Fuente y foto: ElEspectador.com