Las abejas bailan el Vals

VienaLa Catedral, la Ópera y hasta una refinería de petróleo en Viena se han convertido en un hogar más seguro para las abejas que las zonas rurales, donde el uso de pesticidas y la decreciente diversidad de flores amenazan a estos insectos.

“En contra de lo que la gente piensa, los últimos estudios aseguran que la miel de las ciudades puede ser incluso mejor que la del campo, porque aquí las abejas polinizan plantas sin contaminar, que no tienen pesticidas”, asegura a Efe Félix Munk, presidente de la organización austríaca de apicultores urbanos “Stadt-Imker”, en declaraciones a la agencia EFE.

Desde hace ocho años, esta asociación trabaja para preservar la vida de un insecto cuya población ha descendido de forma alarmante en los últimos años. “Hace diez años, salías al campo con el coche y tenías que limpiar el parabrisas de tantas abejas que había, ahora apenas hay, en el 80 % del área de Austria no se encuentran abejas porque están muertas”, lamenta Munk. “Que desaparezcan las abejas de miel no deja de ser un problema comercial, pero es que en Viena hay 200 especies de abejas salvajes que proteger, tenemos un gran trabajo que hacer”, añade el apicultor. Por culpa de los monocultivos, las abejas no encuentran los diferentes tipos polen que necesitan para sobrevivir.

Ante este panorama, los tejados y jardines de la gran ciudad suponen una buena alternativa para su supervivencia.

Actualmente, 16 apicultores asociados se encargan del cuidado de los 80 colmenares repartidos por la ciudad de Viena, algunos emplazados en enclaves como los palacios de Schönbrunn y Belvedere, el parque de atracciones del Prater, el museo de Ciencias Naturales, la Catedral y la Ópera.

Más allá de la producción de la miel, el objetivo de los ecologistas es fomentar la supervivencia de las abejas silvestres, las más amenazadas.

Cada colonia de abejas tiene entre 80.000 y 100.000 abejas en verano, que producen entre 15 y 20 kilos de miel. En Stephansdom, por ejemplo, cada enjambre fabrica 20 kilos de miel, cuya venta se usa para mantener el templo.

Con todo, matiza Munk, cada proyecto es individual, en cada edificio hay unas condiciones y un patrocinador diferente.

“Instalar los enjambres es complicado, la gente tiene miedo y además son edificio históricos. Para el colmenar del Belvedere estuvimos discutiendo cuatro años”, señaló.

Sorprendentemente, uno de los lugares dónde más miel se produce es junto a la refinería de Viena, gestionada por la empresa OMV.

Esta empresa es una de las patrocinadoras del proyecto de Stadt-Imker, que se financia exclusivamente mediante estas aportaciones y el dinero que aportan los socios.

“Paradójicamente, el terreno que rodea a la refinería es idóneo para que vivan las abejas: no hay edificaciones, no está contaminado y es muy rico en biodiversidad”, enumera el activista.

Stadt-Imker ha extendido en los últimos meses su acción a Suiza y Alemania y la comunicación con los socios (en Austria ya hay más de 150) se realiza mediante una plataforma web, en la que también tienen una tienda en línea donde venden la miel.

En otras ciudades como Berlín, París, Londres o Melbourne también se están llevando a cabo proyectos similares, fomentados por la necesidad de proteger a los insectos, pero también por la moda que ha surgido alrededor de los alimentos ecológicos.